Jessie Cervantes habla de la deuda que tiene con sus hijos y toda su familia

En una charla confesional con “TVyNovelas el podcast”, Jessie Cervantes revela el costo de su éxito

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Jessie Cervantes

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Jessie Cervantes es sinónimo de radio en México. Pero también de televisión. Y de inspiración.

Ha sido desde operador de cabina hasta director de estación. Conocido mediáticamente también por su participación en La Casa de los Famosos, Jessie Cervantes habla como no lo había hecho sobre su vida familiar en una entrevista con el director de TVyNovelas Gilberto Barrera.
La conversación quedó registrada en TVyNovelas el podcast, en nuestro canal de Youtube y a continuación la reproducimos.

¿El Jessie de su casa cómo es? ¿Qué tanto cambia respecto al profesional?
¿Con el de mi casa o el de La Casa de los Famosos?

Con el de tu casa.
Ahí soy relajado. Llego, me quito el traje de Jessie y entra Jesús Cervantes: soy marido. El fin de semana me encanta tender la cama, sacar a los perritos, lavar la camioneta (algo que disfruto mucho) e ir a comer a lugares ricos.
Llego y me acuesto a ver la televisión, una serie o un buen programa con mi esposa; cenamos algo después y nos vamos a acostar.

¿Te exiges mucho con los contenidos que ves? ¿Qué tanto influye Jessie en Jesús para divertirse y entretenerse?
Hay contenidos que Jessie tiene que ver y los analiza más; de hecho, hay obras de teatro que ve con la visión del podcast que va a grabar después con el protagonista y toma notas. Antes de entrevistar al Gran Campeón Mexicano me vi la serie, saqué mis apuntes puntualmente y decidí por dónde irme en la grabación: sabía que todos se irían por las peleas, así que me fui más por el lado del hijo y del papá, y creo que funcionó. Jessie es más exigente y analítico porque ve el contenido basado en lo que va a comentar con Gil o con Poncho en la mañana.
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¿Y Jesús no protesta?
No, todo el fin de semana es de Jesús: ver películas con mi esposa y la familia, comedias como la de José Eduardo Derbez, la serie del Hotel VIP, o el juicio de Eugenio Derbez. Cuando no me tocaba ir, veíamos La Casa de los Famosos. Somos muy fans de Exatlón: yo soy rojo, mi mujer es azul y nos divertimos con eso. Mis hijos llegan y también ponen cosas para ver o escuchar.
Me encantan los podcasts, consumo muchísimos. Por ejemplo, entrevisté al Vampiro Canadiense y me puse a escuchar su podcast (del que ya había oído un par de cosas). Tiene episodios muy buenos, como en el que narra la pelea que tuvo con Penta Zero Miedo, una de las luchas más apoteósicas de la historia. Van narrando la lucha donde se pegan con tachuelas, vidrio y mesas; es donde el Vampiro le entrega el trono. Quedé feliz y lo vi como tres veces. Melo Montoya también me gusta, Osor Traba tiene cosas interesantes, Pepe y Chema me gustan mucho, y de pronto escucho La Cotorrisa para salir del contexto y reírme un rato. Las charlas de Se Regalan Dudas me encantan.

¿Cómo fue el primer programa que hiciste y dónde fue?
Fue en Guadalajara, en AM, en Radio Variedades, filial de la de acá. Empecé como locutor presentando canciones y dando la hora. De ahí pasé a una estación independiente llamada Señal 90, donde hacía un show nocturno más platicado. A Radio Variedades llegué porque mi papá era muy amigo del líder sindical del STIRT en Guadalajara y me metió como operador de audio. Después fui productor utilizando cartuchos.
Al principio cubría todos los turnos y luego me dieron el del mediodía, por lo que tuve que cambiar la preparatoria al turno de la tarde (entraba a las 12:00 y salía a las 4:00). Tenía unos 18 años. Mi vida transcurría entre la escuela, la radio y mi novia (quien es mi esposa actual, andamos desde los 15 o 16 años). Estudié la carrera de Ciencias de la Comunicación; en la mañana hacía radio y por las tardes iba a ver a mi novia, que vivía muy cerca de mi casa.
Nací en la colonia Ferrocarril en Guadalajara, pero me crié en la colonia Ladrón de Guevara, entre López Mateos y Américas (sector Miguel Hidalgo), cerca de Santa Tere y Providencia. Era una colonia de clase media. Vivía con mis papás; soy hijo único. Mis papás se divorciaron en 1974 tras 22 años de casados. Me quedé viviendo con mi mamá y duré un tiempo sin ver a mi papá. Después lo veía cada 8 o 15 días.

¿Y cómo llegas a México?
¿Te acuerdas que se puso de moda en la televisión que los chavos tuvieran programas de videos? Sí. Yo tenía uno en Televisa Guadalajara. Entonces, un muy buen amigo, Martín Fabián, se viene a México. Habíamos lanzado en Guadalajara La Qué Buena en AM con Víctor Manuel Luján, que es quien trae el concepto. Estaban Pepe Garza, Martín Fabián, Luján, yo, Julio Montes, Ramón Fabián (hermano de Martín) y Ana García Sancho. A Martín se lo traen a México y le dan la TropiQ, que se convierte en La Qué Buena, y después le dan toda la radio. Como él no tenía mucha idea del pop porque hacía mucho que no lo trabajaba, me trae a manejar lo que hoy son los 40 Principales (que en ese momento era Estéreo Cien). Me hago programador y locutor en enero de 1992.
Mi sueño era venir a la Ciudad de México. Acuérdate que en ese entonces era muy popular WFM, que estaba en el mismo complejo, aunque antes tenían instalaciones separadas en Carracci. Ellos tenían mucho la idea de llamarle a la Ciudad de México la ciudad más grande del mundo. Yo decía: “Imagina hacer radio ahí, está increíble”. En cuanto me llamaron dejé todo. En Guadalajara estaba en un muy buen momento, ganaba muy bien y me iba excelente en rating, pero dejé todo y me vine con dos maletas. Llegué al aeropuerto y me subí a un taxi bocho que no tenía asiento delantero; ahí puse las maletas y me fui atrás desde el aeropuerto hasta Tlalpan 3000. Recuerdo que tomó el viaducto y pensaba: "¿A dónde estoy? ¿Para dónde va este güey?”.
Me habían prometido hotel, pero Pepe Garza me ofreció vivir en su departamento, donde también conocí a Ricky Luis, y ahí me quedé.

¿Ya te habías casado?
Sí, ya estaba casado y tenía dos hijos.

¿Qué le dijiste a tu mamá y a tu esposa?
Les dije: “Me invitaron a México, no hay manera, tenemos que hacerlo”. Mi esposa siempre ha me apoyado muchísimo y me dijo: “Vamos a México”. Por supuesto, la idea era que los niños terminaran el ciclo escolar en junio o julio y luego se vinieran. Ese lapso me lo aventé solo viviendo primero con Martín, luego con Pepe y con la tía Rosa, hasta que llegó mi familia y nos fuimos a la colonia Nápoles.
Un tío me consiguió un departamento en la planta baja en la calle de Luisiana 154 (departamento 102), por el parque. Te hablo de 1992 o 1993. Vivíamos justo enfrente de la casa de los Abaroa, una finca inmensa que hasta tenía cine (eso me lo enseñó Alex Abaroa cuando se lanzó de cantante y fui a escuchar su disco). Luego nos mudamos a la colonia Del Valle, en Concepción Béistegui y Eugenia. Después me preocupé porque en Patricio Sanz los coches pasaban rapidísimo, así que mis hijos mayores fueron «niños de cochera» que jugaban en el garaje o en la banqueta. Cuando nació el más chico, Mich, dije: “Tengo que hacer que este niño juegue en la calle como lo hice yo”, y nos fuimos a vivir a La Herradura.

Oye, ¿te imaginabas en esa época que ibas a llegar a este nivel?
No. Mi vida siempre estuvo en prenda, y cuando volteas para atrás dices: «Quizás eso lo hubiera hecho diferente». Cuando pones en prenda tu vida para hacer algo, te puedes morir o quemar en el intento, pero tu vida está ahí. Nunca fui a festivales escolares del Día de la Madre o del Padre, y los cumpleaños los pasaba trabajando, llegando a altas horas de la noche. Con mi hijo el más chico, por ejemplo, en una ocasión iba a cantar en la Feria de Chapultepec y llegué cuando ya había terminado. A la graduación de mi hija llegué directo de un viaje de trabajo a Tijuana, cansado y con un lugar lejano en esas graduaciones inmensas del Tec. Ella tenía mucho miedo del examen Ceneval, pero resultó ser Premio Nacional Ceneval con mención honorífica. Ese día lloré a mares; mi esposa me decía que me controlara porque ya no traía Kleenex y me secaba con una chalina frente a todos los papás. Con Pollo, mi hijo mayor, me enteré de que había ido a unas misiones cuando fui a recoger a Ana. Te digo que puse en prenda mi vida.

¿Valió la pena?
Sí valió la pena porque estás viviendo tu pasión y me ha ido muy bien, bendito Dios. Encontré una empresa maravillosa como Grupo Sesenta y Uno (ACIR / Exa) y logré crear una marca. Profesional me siento muy satisfecho, pero como persona tengo muchas deudas en el camino. Cuando murieron mis mamá y papá no estuve a tiempo; llegué tarde a los velorios y ni siquiera pude reconocer sus cuerpos. Imagínate. Con mi esposa, cuando nació mi hijo y se le reventó la fuente, llegué apenas por andar trabajando. Afortunadamente mi hijo Pollo se enamoró de la radio y trabajó conmigo muchos años, lo que me permitió estar cerca de él; con Ana he estado muy pendiente en la casa.

¿Crees que ahora estás empezando a ser un buen padre?
Siempre he sido un buen padre, porque cuando hubo necesidad estuve presente y el amor siempre fue inmenso, pero ahora estoy disfrutando a mis hijos y ellos me están disfrutando a mí. Fui un papá muy estricto: para mí era la escuela y una actividad extracurricular obligatoria (natación, fútbol, fútbol americano, básquetbol o karate). Ana, por ejemplo, fue triatlonista y jugaba muy bien fútbol en el Tec. Sí recuperé mucho tiempo, pero cuando volteas y ves las facturas emocionales y familiares, son pesadísimas; la verdad sí he llorado y la he pasado muy mal.
Una de las cosas que más lamento, y que el Vampiro Canadiense me comentaba que también le pasa a los luchadores por estar siempre viajando, es que dejas a tus amigos de la infancia, de la secundaria, de la prepa y del barrio. En una reunión familiar tras la muerte de mi primo Loyo (a quien quería como a un hermano), reuní a mi familia y les pedí perdón porque había sido muy mal pariente y necesitaba otra oportunidad. Afortunadamente me la dieron. El que diga que se entregó al 100% a su pasión sin dejar cuentas pendientes con la familia o los amigos, o está mintiendo o no se entregó por completo. El año pasado reflexioné y pensé: “No necesito amigos nuevos del medio, necesito amigos de vida, de esos que están a tu lado cuando te está llevando la fregada en todos los aspectos”. En una industria como esta —o en la medicina— es muy difícil hacer ese tipo de amistades debido al ego, el poder y la fama; los cuento con los dedos de la mano.
Hace poco, al dejar mi puesto ejecutivo, lo trabajé mucho en terapia con mi psicólogo haciendo un duelo previo. Yo admiraba a los expresidentes porque pensaba en el impacto de tener todo el poder de una nación y que de la noche a la mañana dejes de existir para el sistema y te conviertas en el culpable de todo. En los puestos ejecutivos pasa lo mismo: sabía que al dejar la dirección mucha gente me iba a cancelar y ya no estaría. Afortunadamente tengo amigos verdaderos como tú, pero ya lo superé y lo tomo con mucha filosofía y cero rencor. Traigo proyectos muy importantes para la agencia que tengo con mi hijo para el próximo año, y lo último que voy a parar es el impulso de crear.

¿Cómo ves el paso de los años?
Los 30 pasaron increíble, los 40 con fiesta, y cuando cumplí 50 le dije a mi jefe Alejandro: “Ya tengo 50 años”, y me respondió: “Estás entrando en la mejor década de tu vida”. Y así fue. Pero ahora, a los 58 años, es la primera vez que veo el número 60 en el horizonte y me detengo a reflexionar. No me siento viejo, el estar en Exa me mantiene muy vivo, pero es la primera vez que veo esa barrera y me pregunto qué pasa, juntándome con amigos de 60 o 61 años para platicar. Todo está en la mente, pero sí es la primera vez que me cae la edad de esta forma.

¿Cuánto tiempo llevas con Vero, tu esposa?
Nos conocimos cuando ella acababa de cumplir 15 años y yo 16; empezamos a andar y nos casamos a los 19 y 18 años, respectivamente. Este año cumplimos 39 años de casados. ¿Cuál es el secreto? Encontrar a una mujer mucho más inteligente y capaz que tú. Ella ha podido soportar a la “bestia” que a veces se desata en este medio y ha sabido aterrizarme, estando en las buenas y en las malas. Tenemos una familia hermosa y una nieta maravillosa. Si tuviera una compañera que me ganara en prepotencia y en la locura en la que uno cae aquí, la relación tronaría al instante.

¿Eres feliz?
Sí, ¿cómo no? La felicidad sabe a familia, a hijos realizados, a la sonrisa de mi nieta, a viajar juntos, a ir a misa los domingos, a visitar a la Virgen de Juquila, a la de Zapopan, a San Juan de los Lagos o al Señor de los Milagros (soy muy mariano y tengo mi altar en casa, como los toreros). Sabe a la buena convivencia con amigos y a tener hoy la libertad de manejar mi tiempo —algo que ansié durante los 40 años que fui empleado—. A eso sabe la felicidad.

¿Crees en los milagros?
Los milagros se trabajan. Creo en la suerte, pero como dicen, que la suerte te encuentre trabajando. Hay que prepararse y esforzarse para que, cuando lleguen las oportunidades, uno las pueda aprovechar. No creo en milagros como ganarme la lotería sin comprar boleto o que vuelva a vivir mi mamá; para lograr las cosas hay que trabajar duro.

¿Cuál fue el mejor consejo que te dieron tus padres?
Mi mamá siempre me decía: “Puedes hacer y deshacer, pero nunca puedes olvidar dar las gracias; tienes que ser una persona agradecida”. Ese ha sido un gran consejo: ser agradecido con la fe, con la pareja, con la empresa y nunca ser malagradecido.

¿Qué le dices a quienes te ven como una referencia pero no han logrado sus sueños?
Que valoren muy bien las cosas. Como mencionaba, yo puse mi vida en prenda para lograr lo que tengo, y las facturas emocionales, familiares y mentales llegan a golpes muy duros. Si logras una estabilidad entre trabajar duro por tus metas sin descuidar tu salud, tu paz mental y tu libertad, estás hecho. El balance en la vida es clave. Si me dieran la oportunidad de volver a nacer, volvería a ser Jesús Cervantes exactamente igual; lo único que cambiaría sería haber estado presente cuando murieron mis papás o haber pasado más tiempo en el crecimiento de mis hijos. Laboralmente haría lo mismo.

Alejandro Flores es egresado de la UNAM y periodista de espectáculos desde 2001. Es telenovelero desde niño pero también es aficionado al teatro, la música y el cine. Fue reportero en medios impresos durante 15 años y desde 2020 se dedica a la creación de contenido en medios digitales
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