Alejandra Ávalos batalló mucho antes de triunfar como cantante.
Para su buena suerte, su destino quedó marcado cuando apenas tenía 3 años y su abuela la vio sentada en el piano de su casa.
La escena se convirtió en una premonición y desde entonces toda su familia estuvo convencido de que aquella niña que era fan de Rapahel llegaría a ser concertista y triunfaría en Bellas Artes.
Su vida, sin embargo, dio un giro cuando conoció el ambiente del canto y descubrió el talento de su voz.
Comenzó entonces una carrera que la ha alcanzado para grabar 10 álbumes de estudio más dos recopilatorios de grandes éxitos.
Alejandra Ávalos vivía en 1988 un momento especialmente importante de su carrera pero también de su vida personal.
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Como retrato fiel de ese periodo quedaron un par de páginas de nuestra revista TVyNovelas de aquel año en las que la propia Ávales narra su infancia, juventud, noviazgo y un peculiar recuerdo: estuvo a punto de ser una Flans.
Aquí te presentamos la memoria de ese texto.
Me arrepentí de ser Flans
Soy Alejandra Ávalos Rodríguez. Nací el domingo 17 de octubre de 1965 a las 17:00 horas, en el Hospital Durango, aquí en el D.F. Mis padres son Carlos María Ávalos Solano y Margarita Rodríguez Fernández. Mi nacimiento, según me cuentan, fue horrible, porque a la hora del parto, mi mamá no tenía idea de lo que debía hacer para cooperar... así que nací morada, muy hinchada y con ayuda de fórceps.
Casi me sacan muerta por asfixia.Los primeros tres años los viví en la colonia Roma, en la calle de Mérida. Fue la casa de mi abuela, después la de mis padres y ahora yo tengo mi oficina y salón de ensayos ahí.
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A los dos años entré al kínder. Siempre fui muy despierta, nunca hacía travesuras. Era la consentida de la familia.”
“Raphael me puso tremenda gritoneada”
Por el trabajo de mi papá (es arquitecto) nos tuvimos que ir a vivir a Campeche. Fue un trauma y a la vez un gran alivio, porque como la muchacha que trabajaba en la casa me pegó los piojos, me tuvieron que rapar; además, estaba chimuela.
En Campeche nadie me conocía, así que allá me sentí mejor. Cuando tenía como tres años, me senté al piano de mi tía sin saber tocarlo.
Me vio mi abuelita y dijo: '¡Mi nieta va a ser concertista!’.
De inmediato me compraron un piano.
Por esa época nació mi hermano Mario y claro que sentí celos. Mi mamá le pidió a Dios que ese hijo fuera güero y de ojos azules, y así se lo mandó. Yo pasé a ocupar un segundo plano para toda la familia.
En ese entonces mi ídolo era Raphael. Un día se presentó en Campeche y fuimos a desayunar al hotel donde se hospedaba. Él también estaba desayunando, así que fui a pedirle su autógrafo. Yo quería darle algún regalo, no podía irse sin algo mío. Fuimos a la farmacia y le compré una cajetilla de cigarros. Mi mamá investigó el número de su habitación y fui a dejársela. Para suerte mía, otra niña había estado tocando la puerta antes que yo. ¡Y que sale Raphael y nos pone una gritoneada, porque no lo dejábamos descansar!
Aventé la cajetilla y salí corriendo, asustada y llorosa, con el corazón destrozado. Desde entonces no volví a poner ningún disco de él. Hoy que soy cantante, nunca le hago el feo a nadie, siempre doy autógrafos
Un castigo injusto
Después, nos mudamos a Monterrey con todo y piano. Me inscribieron en el Anglo-Español, donde pasé otro momento horrible en mi vida. Tenía una maestra, una monja un poco amargada. Le pedí permiso para ir al baño. No me dejó y me pasó al pizarrón para hacer una división. Tantas eran mis ganas, que no me aguanté. Me hice pipí enfrente de todas mis compañeras. Todas se empezaron a reír y yo sentí morir de pena.
La época de novios
Llegó la época de los novios y de salir con chavos. Yo era flaca y no tenía nada de nada, así que me ponía los corpiños rellenos de algodón.
Mi primer novio se llamaba Francisco Javier; él tenía 14 años y yo 12. Me dio mi primer beso y sentí tal asco, que fui a lavarme la boca. Él se enojó y me corrió. No me importó, porque había otros chicos en mi grupo de amigos y vecinos y me solicitaban. Pero eso sí... ¡sólo de ‘manita sudada’!
Casi me convierto en una Flans
Estudié piano en serio por cuatro años. Siempre tocaba la maestra primero y yo después... así que aprendía de memoria, mientras ella creía que yo sabía leer nota. Hasta el día que me llegó con una partitura de Bach. ¡Dios mío! Entonces se dio cuenta de que durante cuatro años la había estado engañando.También tomé clases de canto.
Traté de inscribirme para La voz de El Heraldo, pero llegué tarde. Ya era la última eliminatoria. Cuando todos los participantes habían pasado, me puse de mi historia, porque estaba de público, y les pedí una oportunidad. Creo que les gustó más mi audición que mi voz.
De ahí entré al Centro de Capacitación de Iniciación de la Televisión, donde estudié dos años y conocí a Coque Muñiz.
Fuimos novios como siete meses. Entonces entré a La Salle y conocí a chicos que estudiaban en Televisa y me me me metía con ellos.Así vinieron los primeros telenovelas y otro novio, Álvaro Cerviño. Duramos como tres años, yo tenía 17; fue relación difícil porque sus papás no querían que su hijo anduviera con una artista.
Todo sobre la banda que marcó a varias generaciones
También estuve en el proyecto de Flans; me prepararon durante siete meses y dos semanas. Antes de que nos fuéramos a grabar a España, cambiaron de opinión; preferí buscar mi camino como solista.
En 1986, cuando hice Padre Gallo, conocí a Fernando Ciangherotti, mi esposo. Me cayó gordísimo. Nos lo presentaron en la oficina del productor Juan Osorio. Y durante los cuatro meses de grabación y un año más de noviazgo, nos entendimos. En febrero de 1988 nos casamos. Lo demás ya lo saben. Esta soy yo...