Michael Douglas decidió contar en sus memorias que durante una de las noches más importantes de la industria: la ceremonia de los Premios Oscar de 1992 quisieron atacarlo.
El histrión reveló que, antes de ingresar al evento, agentes del FBI y de la Policía de Los Ángeles le advirtieron que existía una amenaza en su contra sobre inyectarle una aguja con VHI.
A pesar del peligro, Douglas decidió continuar con su participación en la ceremonia, según contó.
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Aquella noche, Michael tenía que presentar junto a otros artistas el premio a ‘Mejor Actriz’, que finalmente recibió Jodie Foster por ‘El silencio de los inocentes’, y que fue protagonizada por Anthony Hopkins.
Según relata Douglas en su autobiografía ‘One Helluva Ride’, una persona dentro del recinto planeaba atacarlo con una aguja infectada con VIH, en un momento en que la epidemia de sida se encontraba en uno de sus puntos más delicados y el diagnóstico todavía estaba rodeado de un enorme temor social.
Douglas contó que llegó en una limusina al ‘Shrine Auditorium’ de Los Ángeles y que, en lugar de encontrarse con el protocolo habitual de la ceremonia, fue recibido por un agente del FBI y un sargento del LAPD.
Ellos le comunicaron sobre el hombre que pretendía atacarlo. La seguridad consideraba que la amenaza podía ser real y que el sospechoso incluso podía estar entre el público, el personal o el equipo técnico.
Las autoridades desplegaron agentes encubiertos entre los asistentes y recomendaron al actor de Hollywood que no subiera al escenario, pues no habían logrado determinar quién era el supuesto agresor ni dónde se encontraba.
Los agentes permanecieron cerca de Douglas durante la ceremonia e incluso lo acompañaron cuando salió del recinto durante una pausa para fumar.
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En su libro recuerda que, antes de salir frente al público, observó rápidamente a los asistentes para comprobar que nadie se dirigiera hacia él. Finalmente, el ataque nunca ocurrió y no hubo ninguna detención relacionada con aquella amenaza.