Fernando Bonilla vive un momento álgido de popularidad y eso ha generado interés en algunos aspectos personales de su vida.
Hijo del legendario primera actor Héctor Bonilla, Fernando mismo suele bromear acerca de ser el heredero de esa dinastía en la que también aparece su madre, Sofía Álvarez, actriz y cuentacuentos fenomenal.
“Estoy consciente de mi condición de nepobaby”, ha dicho Bonilla un poco en broma.
Sin embargo, la fama que goza en este momento de su carrera es absolutamente un logro personal: es el protagonista de “La oficina”, versión mexicana de The Office que está entre las series más vistas de la plataforma que la produce: Amazon.
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¿Cómo fue el intento de secuestro de Fernando Bonilla¡
En una entrevista promocional de esta serie para Canal Nacional, Fernando recordó un angustiante episodio de violencia e inseguridad que vivió en 2011.
“Fui por mi hijo a la escuela... y creo que fue un intento de secuestro exprés”, contó Fernando.
El actor, intérprete de Jerónimo Ponce III en “La oficina”, recordó que todo sucedió irónicamente al salir del cine de ver el documental “Presunto culpable”.
“Eran por lo menos tres. Me abordaron y al principio estaba yo tranquilo y les decía que se llevaran el coche y todo lo que quisieran”.
Pero los delincuentes lo que le exigían era que se pasara a la parte trasera del coche, por eso Fernando piensa que aquello fue un intento de secuestro exprés.
Y quedó en intento porque ese día Fernando llevaba el coche lleno con objetos de una producción teatral.
“No quepo”, les dijo.
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Uno de ellos reaccionó de manera violenta y lo golpeó, lo que generó una respuesta igual de Fernando.
“Luego ya me incorporé y el tipo de atrás dijo: “Sí es cierto, no cabe”. Y me dispararon y se fueron”.
Fernando atribuye el final fallido de este secuestro al hecho de que los criminales eran muy jóvenes, inexpertos y además venían intoxicados.
Fernando Bonilla sobrevivió al balazo en el pecho, de cuyas enseñanzas decidió conservarlas no sólo en su memoria, también en su cuerpo: se hizo un tatuaje en su brazo como recordatorio de ese momento en el que salvó la vida.