Después de conocer el hambre de éxito, los contratos y también los abusos que asegura haber visto durante casi dos décadas en la industria, el Rey de la Taquilla cambia de posición. Ahora estrena disquera, buscará nuevos talentos y hace una promesa contundente a quienes depositen sus sueños en sus manos.
El originario de La Concordia, Chiapas, sabe lo que es querer que una canción funcione, desear que el público conozca tu nombre y vivir con la urgencia de que el éxito llegue cuanto antes. Lo sabe porque antes de convertirse en el Rey de la Taquilla, llenar estadios y conseguir dos Latin Grammy, estuvo exactamente en ese lugar.
Después de casi dos décadas construyendo su propia historia, Julión estrena Copar Music y pasa de ser el artista por el que otros apostaron a convertirse en uno de los hombres que tendrán que decidir por quién apostar. Y lejos de tomarlo a la ligera, reconoce el peso de esa responsabilidad. “Es un compromiso muy grande. De verdad es un compromiso y una carga porque sé lo que es ser músico, sé lo que es tener sueños, sé lo que es querer salir y salir ya. Es algo difícil que a lo mejor nos toca entender como músicos y, del otro lado, el lado empresarial o apostador, tenemos que tener la paciencia necesaria y las herramientas, y aplicar experiencias para poder llegar a un logro bueno”.
Convertirse en empresario musical no es una decisión que Julión haya tomado de un día para otro. Desde hace años entendió que su futuro no podía depender únicamente de cantar y comenzó a diversificar sus actividades. Pero una cosa era invertir en otros negocios y otra muy diferente cargar con el sueño de otro músico.
“Tengo varios años. Desde que arranqué mi música y hubo las posibilidades de... Hay un dicho que dice: ‘No hay que poner los huevos en la misma canasta’, entonces he diversificado un poco. Y precisamente por la pregunta anterior, a mí se me hacía muy difícil poder estar y ser parte de un sueño de otro artista, y no por un tema egoísta, sino por lo difícil que sé que es ponernos en los zapatos. Lo difícil que es estar en los zapatos de un artista. El desespero, el hambre, el deseo, el hambre de éxito me refiero, el deseo de que ya te conozcan, de todo eso”.
Por eso esperó. No quería asumir una responsabilidad para la que todavía no se sintiera preparado.
“Duré, pues, muchos años para poder decir: ‘Ok, vamos haciendo algo en lo que nos armamos’. ¿Por qué sí? Porque a la fecha, desde el 2007 que arrancó como Julión Álvarez y su Norteño Banda, he visto uno, otro, otro y otro, y múltiples abusos y, desgraciadamente, pues, el abusar del deseo de éxito”.
La declaración abre una parte mucho más profunda de la conversación: Julión no habla únicamente como empresario. Habla como un músico que asegura haber observado durante años cómo la urgencia por triunfar puede colocar a un artista en una posición vulnerable frente a quienes controlan contratos, dinero y oportunidades. Y precisamente ahí pretende establecer una diferencia.
DE LAS CANCIONES A LOS CONTRATOS
En el escenario se mueve en un territorio que conoce perfectamente. Los negocios fueron otra historia. Cuando le preguntamos qué le había resultado más difícil, si aprender a interpretar una canción o comprender contratos, números, regalías y negocios, respondió sin rodeos: “Los contratos, números y todo. Porque el tema de una canción es algo emocional, algo sentimental, algo de gusto. Y lo demás son números y negocios”.
Es una confesión sencilla, pero también ayuda a entender por qué tardó tantos años en dar este paso. Ahora esa experiencia será parte de las herramientas con las que pretende desarrollar nuevos talentos.
En esta aventura tampoco estará solo. Su hermano Ricardo Álvarez forma parte del proyecto y a ellos se suma una estructura de productores musicales, profesionales de la industria y especialistas en las nuevas plataformas necesarias para desarrollar artistas en un negocio muy diferente al que Julión conoció cuando comenzó.
SU PROMESA MÁS IMPORTANTE
Al final de la conversación le hicimos una pregunta directa. Después de todo lo que ha vivido en la industria, ¿qué es aquello que promete no hacerle jamás a un artista de su compañía?
La respuesta terminó definiendo el espíritu con el que quiere comenzar esta etapa. “Serían muchas cosas que prometiera. Una, creo y me atrevo a decirles que yo jamás abusaría de un artista porque yo, antes de poder estar y ser parte de Copar, yo soy músico”.
“Yo sé lo que es la impotencia de estar en un lugar donde firmaste y no quieres estar, o donde firmaste con mentiras. Entonces, eso jamás lo haría”.
Esa frase adquiere otra dimensión cuando se mira el camino recorrido. Julión ya estuvo del lado del músico que espera una oportunidad. Conoció la incertidumbre, aprendió a enfrentarse a los contratos y, según cuenta, fue testigo de múltiples abusos alrededor de artistas que estaban dispuestos a casi todo con tal de conseguir el éxito. Hoy está sentado del otro lado de la mesa, pero no quiere olvidar de dónde viene. Porque después de años en los que otros decidieron aportar por él, ahora Julión Álvarez tendrá dinero, experiencia, estructura y algo todavía más importante: la posibilidad de decidir por quién apostar. El Rey de la Taquilla ahora también manda detrás del escenario.