Con una extraordinaria respuesta por parte del público en sus primeras semanas de transmisión, la telenovela Corazón de oro ha encontrado en sus villanos a los nuevos favoritos de la audiencia. Y es que, como suele suceder, los antagonistas se roban el corazón de los televidentes, una situación que, al parecer, ya está viviendo el actor Diego Olivera.
“Es un nuevo reto, la verdad es que me divierte mucho hacer los villanos, y si son inteligentes está muy padre”, confesó Olivera en entrevista con TVyNovelas. El actor describe a su personaje como “jugoso” y se muestra agradecido por la oportunidad de explorar esta faceta.
“Puedo hacer aquí lo que no puedo hacer en mi casa”, bromeó, destacando la libertad creativa que le permiten los autores y directores. “Lo más importante, más allá de que estoy feliz, es que al público le guste y que sea un personaje creíble, que traiga conflicto y tenga un impacto en la gente”.
Para el actor, una de las bondades de Corazón de oro es que le ha permitido tener cercanía con el público en las locaciones. “Yo valoro mucho y soy muy afectuoso porque la gente también lo es conmigo. Si puedo retribuirlo, lo hago con una sonrisa, es lo mínimo que puedo hacer”, afirmó, destacando el compromiso con su trabajo y la bonita retribución del cariño popular.
Sobre el boxeo, que es uno de los ejes centrales de la historia, Diego recordó con humor sus incursiones juveniles en este deporte. “Hace mil años, cuando era muy jovencito, a lo mejor sí le entraba, pero ya no, el boxeo es muy exigente”, sentenció. El actor se declara ahora un admirador desde la barrera, con mucho respeto por los pugilistas mexicanos. “México tiene unos boxeadores increíbles; verlos trabajar en los gimnasios es impresionante”, expresó.
UN MOMENTO DE MADUREZ Y AMOR EN PAREJA
A sus 25 años de carrera, Diego Olivera asegura vivir un presente de plenitud y aprendizaje. “Siento que todavía tengo mucho que aprender, pero con cierta madurez. Eso me da la posibilidad de disfrutar los personajes sin perder el tiempo en si es protagónico o secundario”, reflexionó, añadiendo que está enfocado en ser mejor padre, esposo e hijo, sabiendo que “el tiempo no perdona”.
Parte de esa felicidad personal la comparte con su esposa, la también actriz Mónica Ayos. Alejados de los escándalos a pesar de vivir en el ojo público, la pareja ha sabido navegar las aguas de la fama y ahora disfrutan una nueva etapa. “No es fácil tener una pareja que entienda tu labor, pero mi esposa y yo lo tenemos claro desde el minuto cero”, explicó.
Para Olivera, mantener una familia unida dentro del espectáculo no ha sido tarea sencilla, pero asegura que la clave ha sido la comunicación y tener claro desde el principio que los conflictos personales no deben ser material de venta.
Con sus hijos ya dedicados a la actuación, el matrimonio vive un “momento increíble”. “Nuevamente nos estamos encontrando solos como novios y es maravilloso”, dijo emocionado.
Olivera confesó que la pandemia fue un parteaguas que les ayudó a dejar de preocuparse por banalidades. Ahora, con la experiencia de “muchas novelas encima”, celebra formar parte de Corazón de oro, un proyecto del que se siente orgulloso. “Uno va aprendiendo a qué decirle que sí y a qué no. Creo que ésta es una historia que no va a defraudar, hay una muy buena realización”.
¿CÓMO COMENZÓ LA TRAYECTORIA DE DIEGO OLIVERA EN MÉXICO?
La llegada de Diego Olivera a México no fue producto de la casualidad, sino del talento que ya había demostrado en su natal Argentina. El actor recordó que su primer gran proyecto en el país fue Montecristo para TVAzteca, pero fue en 2010 cuando Televisa lo incorporó a sus filas para participar en El triunfo del amor, producción que marcaría el inicio de una larga y exitosa relación con la empresa y el público mexicano.
“Yo venía solo a hacer una telenovela y me regresaba, pero luego me quedé aquí”, confesó, evidenciando que el cariño y las oportunidades lo hicieron echar raíces en territorio azteca. Desde entonces, su rostro se ha vuelto familiar en los hogares mexicanos, acumulando personajes que van desde el galán hasta el complejo antagonista que ahora interpreta, demostrando una versatilidad que pocos actores logran mantener a lo largo de los años.