De regreso de la reunión de Miss Universo 1996 celebrada en Londres, conversamos en exclusiva con Vanessa Guzmán sobre el aprendizaje más grande que ha tenido a 30 años del certamen que la llevó a la fama.
También nos contó cómo vive sus 50 años, de qué forma enfrentó las duras críticas durante su paso por el fisicoculturismo y las que recientemente le han hecho por su cabello.
Cuéntanos, ¿cómo viviste este encuentro de Miss Universo 1996 en Londres?
Esta reunión la viví con una mezcla muy grande de emociones. Primero fue la expectativa de volver a encontrarme con un grupo de mujeres que no había visto desde hace 30 años; aunque estábamos en contacto por medio de un chat, nunca es lo mismo. Así que fue una mezcla de emoción y nostalgia... Las emociones estuvieron a flor de piel. Cada una compartió qué había sucedido en nuestra vida después de Miss Universo.
Han pasado 30 años desde que participaste en el certamen, ¿qué recuerdos tienes de aquel momento?
Una semana antes de ir a Londres tuve la oportunidad de ir a Las Vegas, y creo que ese fue mi primer encuentro fuerte con aquel momento, porque, si bien ya sabía que iría a Londres a la reunión, haber estado en Las Vegas me permitió revivir el lugar donde ocurrió todo 30 años después.
A la distancia, ¿cuál consideras que es el aprendizaje más grande que has tenido desde entonces como mujer y en tu carrera?
El primero fue que yo planeé mi vida desde los nueve años para llegar a Miss Universo, pero con el objetivo de ganar. Cuando eso no sucedió, fui consciente de que cumplí un objetivo, algo que me propuse desde niña, pero me encontré con la realidad al no ganar y aprendí que no siempre voy a lograr determinados objetivos; tengo que aprender a aceptarlo, porque el tiempo te demuestra que la vida tiene otros planes para ti. Si bien mi sueño de niña era ganar un Miss Universo, lo que comprobé con el tiempo es que, aunque no fue así, se me abrieron muchas puertas después.
¿Cuánto consideras que has evolucionado, Vanessa, en estos 30 años?
Muchísimo, porque han sido muchas las experiencias de vida... La vida me ha enseñado a ser una mujer fuerte, he aprendido a valorar, cuidar, respetar y a ser agradecida con lo que la vida me brinda. Tener a mi familia cerca, que siempre ha sido un pilar fundamental, que me ha sabido contener en los momentos más altos y bajos, que me ha sabido guiar... eso no tiene precio. Creo que mi evolución va de la mano con un crecimiento personal, espiritual y en la madurez profesional de saber que lo importante no es llegar, sino permanecer.
Hace poco cumpliste 50 años de vida, ¿cómo los vives?
Es una vuelta al sol impresionante. Vivo mis 50 años con plenitud, disfrutando todos los aspectos de mi vida. Estoy en un momento en el que puedo pasar la página de muchos temas que tal vez me había costado cerrar por muchas cuestiones. Hoy me siento una mujer tan libre, independiente, segura y orgullosa de lo que mis hijos han logrado, de saber que he podido ser ese sostén para los dos. Cierro estos primeros 50 años de vida con una madurez personal y una certeza de que hasta el día de hoy les he dado lo mejor a mis hijos. Me siento plena como abuela, madre, mujer y profesional. Tengo muchos objetivos por cumplir y muchas metas por alcanzar, y un gran deseo de retomar mi carrera como actriz.
¿Alguna vez te preocupó el paso del tiempo? ¿La edad?
No, nunca me ha preocupado porque tengo el mejor ejemplo: mi madre, quien recientemente cumplió 82 años. Ella fue conmigo a Londres y camina a mi par; es una mujer incansable porque tiene una gran disciplina, cuida su alimentación y tiene una actitud ante la vida que ya desearían muchísimas mujeres. Ella es un gran ejemplo de que la edad no es una limitación.
¿Qué piensas de los estereotipos de belleza en la actualidad?
“Que lamentablemente cierran puertas. Yo creo que es tan complejo, superfluo y generalizado el concepto de la belleza que es un criterio que no se puede unificar. Considero que esto aplica en el rubro de la actuación y del fisicoculturismo en relación con la belleza física; en las redes sociales también es muy superficial, con tantos filtros”.
¿Cómo enfrentaste las críticas en tu paso por el fisicoculturismo?
Las enfrenté con mucho humor, con humor ácido hacia la gente que responde y me critica, y hasta el día de hoy, porque si antes fueron los músculos, hoy porque el cabello se me ve “rarito” o si me estoy quedando pelona... Y bueno, tengo 50 años y no puedo tener la melena que tenía a mis 20. Y si mañana tengo que usar pelucas, las voy a usar.
“Si de ser actriz me subí a una tarima de fisicoculturismo, ¿creen que me voy a limitar a hacer público si quiero empezar a utilizar pelucas o no? Yo creo que ya estoy más allá del bien y del mal con respecto a la opinión pública. Al final hay un sector de gente que me quiere, que es el fan constante, la persona que realmente va a prender la televisión o va a comprar un boleto de teatro, y eso es lo que me importa. Creo que es un porcentaje muy pequeño de las personas que critican, y está en nosotros darles o no importancia. Realmente esa gente no me define como ser humano, como mujer, profesional o atleta”.