Sabine Moussier se mantiene de pie pese al dolor físico y la incertidumbre laboral: “Ya no me llaman para hacer telenovelas”

La actriz lamenta que los productores no la busquen para hacer telenovelas después de su paso por La casa de los famosos México.

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Sabine Moussier

Hubo una época, no tan lejana, en la que bastaba su mirada para encender el conflicto. En los años 2000, la presencia de Sabine Moussier era sinónimo de intriga, de lágrimas ajenas, de finales tensos. Era la villana perfecta: elegante, implacable, sofisticada y, al mismo tiempo, peligrosamente humana.

Sus personajes podían hacerle la vida imposible a protagonistas como Adela Noriega, Angelique Boyer, Mayrín Villanueva, Jacqueline Bracamontes, Susana González y Victoria Ruffo, convirtiéndose en el motor dramático de historias que marcaron a toda una generación. Pero hoy, esa presencia que parecía imprescindible en la televisión abierta, guarda silencio desde hace tres años cuando hizo Perdona nuestros pecados.

“¿Por qué no te han llamado para hacer telenovelas?”, le preguntamos en exclusiva durante la grabación del programa De noche ya se armó, conducido por Yordi Rosado. Su respuesta, lejos de la polémica, fue honesta y desconcertante:

“No sabría decirte, me encantaría saber la razón, pero no me han buscado, ya no me llaman. He estado al aire con el reality Secretos de villanas, también sigo haciendo teatro, pero en novelas no. La verdad es que estoy contenta, agradecida, y el día que me tengan que llamar me llamarán”.

La frase resume un misterio que ronda en los pasillos de la industria: ¿cómo una de las villanas más emblemáticas dejó de ser convocada? Hablar de su trayectoria es hablar de una era dorada de las telenovelas. Durante más de 30 años y más de 25 producciones, construyó un legado donde el antagonismo se volvió arte.

“Ser villana en las telenovelas me ha dado la mayor parte de las satisfacciones en mi vida… el poder hacer lo que amo ha sido un sueño hecho realidad”, nos dijo, con esa mezcla de nostalgia y gratitud que sólo tienen quienes han vivido intensamente su vocación.

Su talento no solo residía en la maldad de sus personajes, sino en la complejidad emocional que les imprimía. No eran villanas planas: eran mujeres heridas, ambiciosas, pasionales. Y eso, el público lo percibía. Por eso, su ausencia resulta todavía más desconcertante.

Después de su participación en La casa de los famosos México, muchos pensaron que su regreso a las telenovelas sería inminente. La exposición mediática, el cariño del público y su vigencia parecían alinearse para un nuevo capítulo en su carrera. Pero no ocurrió.

“De repente, para mí, el que haya terminado eso es inexplicable… yo pienso que la gente me quiere, a la gente le gusta mi trabajo, quieren verme en pantalla, pero de repente se toman decisiones que uno no entiende”, reflexionó con TVyNovelas.

Lejos de la queja, su postura es de aceptación. Sin embargo, sus palabras dejan entrever una realidad que muchos actores enfrentan: el talento no siempre garantiza continuidad. En medio de la incertidumbre laboral, hay algo que la sostiene: su fe.

“Doy gracias a Dios porque, a lo mejor, no tengo ahorita todo el trabajo que tenía antes… pero si un día siento que me está faltando el dinero, él siempre me ayuda… me llega un pago inesperado”.

No es una declaración menor. En una industria marcada por la inestabilidad, su confianza espiritual se convierte en ancla. Mientras tanto, sigue activa en el teatro con la obra Brujas, demostrando que su pasión por actuar está lejos de apagarse.

Si algo ha marcado su vida en los últimos años, no es solo la ausencia en pantalla, sino una batalla silenciosa con su salud. Tras múltiples estudios médicos, finalmente obtuvo un diagnóstico claro: neuropatía de fibras pequeñas, una enfermedad autoinmune.

“No es esclerosis múltiple, pero afecta las fibras pequeñas… todo lo autónomo dentro del cuerpo, entonces me dan dolores fuertes”.

Durante mucho tiempo, la incertidumbre fue su compañera. Los médicos llegaron a plantear diagnósticos más graves, lo que incrementó la angustia. Saber finalmente qué tenía, aunque difícil, trajo cierta tranquilidad. “Hay un tratamiento que es muy bueno, pero es muy fuerte… me lo hice, me sentía como quinceañera… pero ahorita recurro al biomagnetismo”. Hoy, su realidad es otra: “Ya aprendí a vivir con dolor”.

Existe una pregunta inevitable: ¿puede el peso emocional de interpretar personajes oscuros afectar la salud? Su respuesta no es categórica, pero sí reflexiva: “Quizás hay veces que el universo, la fuerza, la energía influye… ha habido proyectos en los que me rompo el pie, me fracturo… pero yo le pido a Dios que no haya un mal que me detenga”.

No hay arrepentimiento. Si acaso, una conciencia más profunda del costo. Hoy, lejos de los sets de telenovela, su historia no es la de un final, sino la de una pausa incierta. No hay escándalos, no hay rupturas públicas, no hay explicaciones claras. Sólo una pregunta que resuena con fuerza ¿Por qué ya no la llaman? Mientras la industria responde, o guarda silencio, ella sigue ahí: trabajando, resistiendo, creyendo. Porque si algo ha demostrado a lo largo de su carrera es que las villanas no desaparecen. Sólo esperan el momento perfecto para volver.

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