El Estadio Azteca, que durante el Mundial será conocido como Estadio Ciudad de México y luego tomará el nombre de Estadio Banorte, está a punto de hacer Historia, al convertirse en el primero en albergar tres mundiales.
Este mérito no es azaroso ni producto de la casualidad sino que demuestra que el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez cuando defendía que un estadio de futbol no era solamente una construcción sino un espacio de convivencia.
Y ahora que está por reinaugurarse con el partido México contra Portugal este sábado para mostrar la remodelación más grande que se le ha hecho desde 1970 (cuando se le colocó la techumbre en el graderío) recordamos tres grandes secretos de su construcción.
Secreto 1.- El Estadio Azteca no iba a ser ovalado
Los planos de Pedro Ramírez Vázquez muestran bocetos y maquetas de un estadio con forma rectangular, que era lo usual durante la primera mitad del siglo XX.
Así fue aprobado el proyecto pero cambió gracias a la intervención de otro arquitecto, Luis Martínez del Campo, quien en aquella época era un veinteañero recién egresado de la carrera de Arquitectura. Martínez del Campo fue contratado como arquitecto residente y se encargó de ejecutar la obra que estaba en los planos... pero con algunas modificaciones.
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En entrevista con El Universal en noviembre de 2025, Luis Martinez cuenta que en efecto, el proyecto original era el de un “rectángulo rígido”.
Eso cambió de manera radical durante la ejecución de la obra hasta darle la forma ovalada con la que se le conoce. ¿Por qué? Porque de esa manera se puede tener una mejor visión desde cualquier punto del graderío.
Secreto 2.- El estadio que se financió a sí mismo
El proyecto de Pedro Ramírez Vázquez fue elegido por encima del de Félix Candela, un prestigioso arquitecto que había ganado proyectos como el mercado de Jamaica y que ganó un enorme prestigio internacional con el Paraboloide Hiperbólico, popularmente conocido como “los paraguas de Candela”.
Sin embargo, el proyecto de Ramírez Vázquez ofrecía algo más que estilo arquitectónico, también tenía una propuesta económica: tener un amplio espacio para palcos cuya venta sería una reinversión para el propio estadio.
Fue así que se inauguró sin techumbre y efectivamente, dos años después y gracias al dinero de la venta de los palcos, se colocó esa estructura de acero que es característica esencial del estadio.
Secreto 3.- Las rampas interiores
Eduardo Graf acompañó a Luis Martínez del Campo en el trabajo como arquitecto residente del estadio Azteca. El proyecto de Ramírez Vázquez incluía una integración de las avenidas aledañas (Tlalpan y Periférico) como parte de la movilidad para llegar al estadio. Pero una vez dentro, presentaba una dificultad para los aficionados que tendrían que recorrer grandes distancias para llegar a sus asientos y, en su caso, subir y bajar escalinatas.
Graf lo resolvió con una genialidad arquitectónica: las rampas interiores que serpentean por debajo de las gradas del propio estadio.
“Los accesos y salidas a través de rampas -que resuelven el flujo de una forma muy rápida y segura- los planteó el arquitecto Eduardo Graf”, confirma Martínez del Campo en su entrevista con El Universal.