Hay hombres que llegan a la televisión... y hay otros que se convierten en historia. A sus 50 años, Sebastián Rulli no solo sigue siendo uno de los galanes más sólidos de la pantalla, sino que atraviesa un momento tan pleno que se le nota en la piel, en la voz y en cada palabra que suelta sin filtro.
Y no lo dice por decirlo. Lo dice con la certeza de quien ha aprendido, a base de disciplina, distancia y amor, que el verdadero éxito no está en llegar... sino en sostenerse, reinventarse y seguir emocionándose como el primer día.
Esa emoción hoy tiene nombre: Mi rival, la telenovela que estelariza junto a Alejandra Barros y Ela Velden, una producción ambiciosa que apostó por una narrativa intensa y locaciones naturales que elevan la historia a otro nivel. Durante cuatro meses, el elenco se trasladó a San Luis Potosí para grabar en escenarios reales, rodeados de paisajes imponentes que, según el propio actor, le dieron alma al proyecto.
“Estamos orgullosos de haber hecho algo tan bonito mostrando unos paisajes, unas locaciones espectaculares... trabajamos todo el día, todos muy concentrados... y hubo muy buena vibra, todo estuvo fluyendo muy bien”, comparte.
Y es que cuando habla, no solo describe un rodaje: transmite una experiencia que lo marcó.
“Mi rival “cuenta una historia profundamente emocional, donde los vínculos familiares y el amor se entrelazan de forma inesperada. En medio de ese conflicto, su personaje, Renato, se convierte en el eje de una transformación que conecta con cualquiera que haya amado alguna vez.
“Renato es una persona muy solitaria, confía poco en la gente... pero ese primer amor cambia la percepción de la vida. Se vuelve alguien más luminoso, más amoroso gracias al amor”, explica.
Ese viaje emocional no es ajeno para él. De hecho, parece resonar con su propia etapa de vida. Porque si algo lo define en este momento, es la plenitud. A diferencia de muchos, no vive los 50 como una crisis, sino como una consolidación. “No soy muy consciente de la edad me siento igual, como si estuviera empezando... con la misma emoción, los nervios”, confiesa en entrevista con TVyNovelas.
Sin embargo, sí hay algo que ha cambiado: la manera de valorar su carrera. “Sé lo difícil que es esta carrera... es más fácil llegar que mantenerse”, dice con honestidad.
Y en esa frase se resume todo. Porque detrás del galán hay un hombre que ha entendido que el éxito no es casualidad, sino constancia. Esa conciencia también se refleja en su compromiso dentro del set. No es solo un actor que cumple, es alguien que lidera con el ejemplo. “No es una presión, es un honor... es un compromiso con mucha gente... son más de 300 personas trabajando fuera de casa, dejando todo”, explica. Y en sus palabras hay algo que pocas veces se dice en voz alta: el peso colectivo de una producción.
Pero si el trabajo lo define, su vida personal lo sostiene. Su relación con Angelique Boyer se ha convertido en una de las más sólidas del espectáculo, basada en respeto, admiración y complicidad. Durante las grabaciones, la distancia fue inevitable, pero no un obstáculo. “La tecnología ayuda muchísimo... la veía cada 15 días y hablábamos diario... estuve más cerca que antes emocionalmente hablando”, comparte.
Con su hijo, la conexión es igual de fuerte. Aunque no siempre puede estar físicamente presente, ha aprendido que el amor también se construye en la distancia. “Hablaba con él dos, tres veces al día... y eso nos acercó mucho más”, dice. Y cuando habla de sus sueños, su voz cambia. “Todo el esfuerzo que está haciendo para conquistar un sueño le va a ayudar en su vida”, afirma, con orgullo.
Ese equilibrio entre lo profesional y lo personal no es casual. Es resultado de años de aprendizaje. Porque su historia no empezó en la cima. Llegó a México en 1999 con una maleta llena de ilusiones, pero con recursos limitados. Vivió en un pequeño cuarto, dormía en un colchón en el piso y se trasladaba en metro todos los días. Una etapa que, lejos de avergonzarlo, atesora profundamente.
Hoy, más de dos décadas después, su historia es una de las más sólidas del medio. Pero lejos de acomodarse, sigue buscando retos. Mi rival es prueba de ello. Un proyecto que no solo lo reta como actor, sino que lo conecta con lo esencial: contar historias que toquen el corazón.
“Soy el actor y el ser humano más feliz de la vida de estar aquí grabando... mostrando un México que seguro se va a quedar en los corazones de todos”, dice. Y en esa frase hay algo más que promoción: hay gratitud. Porque al final, eso es lo que define este momento de su vida. No la fama, no el reconocimiento, no los años... sino la capacidad de agradecer, de disfrutar y de seguir entregándose al 100 por ciento.
Hoy, con Mi rival, demuestra que el verdadero brillo no está en la juventud, sino en la evolución. En la capacidad de sentir, de transformarse y de seguir creyendo en las historias. Porque hay galanes... y hay hombres que trascienden. Y él, sin duda, ya está en esa categoría.