El hombre que hoy sonríe sereno frente a las cámaras no es el mismo que hace años aprendía, a veces a golpes emocionales, las lecciones del amor. La historia de Marcus Ornellas podría contarse como un melodrama clásico: juventud intensa, romances fallidos, errores propios y, finalmente, redención. Pero si algo ha dejado claro el actor es que la vida real no necesita exageraciones cuando el sentimiento es auténtico.
“Creo que ninguna historia de las que he hecho se compara con mi historia de amor. Lo que pasa es que en el melodrama exageramos un poco más, los sentimientos están llevados a un nivel más intenso. A mí me gusta una vida con menos adrenalina”, nos confiesa en entrevista con TVyNovelas.
Durante años, el histrión vivió relaciones complicadas. No lo esconde. Al contrario, lo reconoce con una honestidad poco común en el medio: “Uno siempre sufre por amor, quizás cuando era más chavo”, admite.
Y va más allá: “He tenido relaciones complicadas en las que quizás yo fui el tóxico, pero aquí no”. Ese “aquí” tiene nombre y apellido: Ariadne Díaz.
“Hoy día tengo la relación más importante de mi vida con Ariadne Díaz”, afirma con una convicción que no deja espacio para dudas. Con ella no solo encontró estabilidad, sino crecimiento. “Con mi mujer ha sido una relación de crecimiento, de madurar tanto ella como yo, nos complementamos, nos parecemos en algunas cosas, entonces mis fortalezas no son las mismas que las de ella y eso nos ayuda a madurar, a crecer como pareja”.
Habla del respeto como si fuera un pacto sagrado. “Lo importante es lo que pasa entre nosotros, somos una pareja normal, tenemos nuestras discusiones, sería raro que no hubiese, pero siempre lo resolvemos de manera civilizada, existe mucho respeto y admiración. El día que nos digamos palabras hirientes ahí se acabó todo. Jamás nos hemos dicho groserías, donde no hay respeto no hay amor. Podemos estar en desacuerdo, pero no llegamos a eso”.
En un medio donde las rupturas suelen ser titulares inevitables, ellos han construido una historia distinta: discreta, sólida, real. Si el amor de pareja lo estabilizó, la paternidad lo transformó. La llegada de Diego, el hijo que tuvo con Ariadne, reordenó sus prioridades y, en palabras del propio actor, le quitó “muchas tonterías” de la cabeza.
“SOY UN HOMBRE MÁS MADURO”: MARCUS ORNELLAS
“En Televisa (‘Doménica Montero’) es el quinto protagónico que hago y si miro hacia los que hice antes te puedo decir que ahora soy un hombre más maduro, gracias a mi hijo, creo que el tiempo es un buen maestro en las vivencias de uno y, obviamente, la paternidad fue algo que me cambió por completo la vida. Te voy a ser muy sincero, te quitas muchas tonterías de tu cabeza porque en ocasiones tienes muchas inseguridades, entonces, cuando eres papá sabes que no puedes permitirte estar limitado a hacer una u otra cosa por inseguridad, por miedo, por el qué dirán, cuando tienes un hijo sabes que debes sacar adelante a una familia, hay un ser humano que depende de ti y eso te hace madurar muchísimo”.
Marcus siempre fue sensible, pero aprendió a canalizar esa sensibilidad. “Siempre he sido una persona sensible gracias a la actuación, pude aprender a trabajar con esa sensibilidad, pude enfocar esos sentimientos en mis personajes, por eso, más allá de que sean rudos, tienen su parte sensible”.
Cuando finaliza un proyecto, su mundo se reduce voluntariamente a lo esencial. “Luego que termino una telenovela lo que hago es descansar, me toca estar con la familia, ayudar a mi hijo con sus tareas”. El retrato que describe es entrañable: tardes de futbol, risas, disciplina y hasta tecnología. “Con mi hijo hacemos de todo, le compré un dron hace dos años, lo enseñé a usarlo, aprende muy rápido, tiene facilidad para dibujar, crear casas, creo que vamos a tener un arquitecto en la familia”.
También presume su rol de papá futbolero: “A mi hijo le encanta el futbol, entrena tres veces por semana, lo llevo a los partidos, soy un papá 100 por ciento presente. Quisiera estar más presente, pero debo salir a trabajar”.
En su voz no hay culpa, sino compromiso. La historia de Marcus en nuestro país comenzó casi por accidente. Llegó en 2005 con la idea de quedarse apenas tres meses para modelar.
Se quedó para siempre. Originario de Río de Janeiro, comenzó a los 17 años como modelo. En México encontró algo más que oportunidades laborales: encontró hogar.
La conexión con la cultura fue tan profunda que decidió establecerse definitivamente y más tarde obtuvo la nacionalidad mexicana. Su primera exposición mediática en nuestro país no fue en una telenovela, sino en el reality Me quiero enamorar en 2009. Dos años después, debutó como actor en la telenovela Dos hogares, producida por Emilio Larrosa.