Para Raquel Bigorra, el verdadero reto comenzó antes de pisar La Casa de los Famosos México. Las entrevistas psicológicas, los estudios médicos y el aislamiento fueron apenas el preámbulo de una despedida familiar que todavía la conmueve.
“La cita con el psicólogo es bastante extensa, para conocerte, y cada quien le cuenta su historia. Después puedes contar con ellos en caso de una crisis, de ansiedad o de cualquier situación; entras al confesionario y ellos te dan el apoyo. La prueba médica es para saber cuál es tu condición física, qué medicamentos o vitaminas tomas, si tienes alguna alergia... llenan toda tu historia clínica”.
Aunque ya había vivido la experiencia de Big Brother VIP, reconoce que el aislamiento previo fue distinto. “Nos dejaron tener el teléfono hasta el último día y, por rondas, la producción te llevaba al gimnasio. Eso estaba padrísimo porque tenías una hora para hacer ejercicio”.
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El momento más difícil fue despedirse de su hija.
“Mi niña estuvo llore y llore porque no quería que me fuera a La casa. Yo le decía que ya había firmado un contrato y no podía quedar mal. El último día me rompí horrible y fue muy tierno porque cuando ella me vio así, la hizo de mamá y terminó consolándome”.
Antes de entrar, también quiso asegurarse de que la convivencia sería segura, ya que recordaba una mala experiencia en otro reality y preguntó directamente qué pasaría si algún participante perdía el control. “Les hice mucho hincapié en mi seguridad y me aseguraron que no había cabida para la violencia”.
Eso sí, en cuestión de imagen no dejó ningún detalle al azar. “Todo lo que llevé era nuevo. Yo fui a estrenar calzones, pijama... ¡todo! Sabía que nos iban a ver las 24 horas. Hasta encerré tres días a mi diseñador en mi casa para ajustar cada vestido”.
Aunque firmó un extenso contrato de confidencialidad, nunca le preocupó la exposición pública. “Yo tenía clarísimo lo expuesta que estás cuando entras a un reality de 24 horas. Lo único que me preocupaba era estar bien cuidada”.