El de las Olimpiadas del 68 fue el primer gran evento deportivo internacional en nuestro país y dos años después se realizaría el México 70, el torneo que consagró a Pelé y a Brasil.
De modo que es una etapa en la que México se convirtió en anfitrión del turismo deportivo internacional.
En esa época Cantinflas ya era la figura internacional más importante de la comedia mexicana, tras haber ganado dos Globos de Oro. Por tanto, se le eligió para hacer tres anuncios publicitarios que resultan peculiares: no sólo promovían las Olimpiadas sino que regañaban a la sociedad mexicana.
El personaje de Cantinflas, hay que recordar, se había transformado profundamente en la década de los 60: dejó de ser el peladito de gabardina en hilachos para convertirse en el señor doctor, el profe, el bombero y, por supuesto, el Patrullero 777.
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Los comerciales de Cantinflas para México 68
Ese personaje de policía fue el que apareció en estos comerciales en los que Cantinflas hace una misma rutina: llega a la comandancia de policía con uno o dos arrestados a los que presentaba ante el Ministerio Público.
El primero de ellos es un hippie, al que describe como “una cosa con pelos”.
“Dice que es de nacionalidad hippie pero yo no conozco ese país”, dice Cantinflas con el humor socarrón que desarrolló en esos años para moralizar a los espectadores.
“Se lo traigo por falta de ornato a la ciudad porque estamos en víspera de las Olimpiadas, debemos demostrar que queremos ser amigos de todo el mundo”.
En otro de los comerciales, presenta a una sirvienta a la que regaña por tirar basura en la calle “como si fuera su muladar propio”.
“No sea fodonga, no se da usted cuenta que van a venir italianos, alemanes, franceses hasta yucatecos. Y ¿cual es nuestro deber? Que vean que somos limpios?”
En el tercero de los spots, regaña a un taxista por querer cobrarle una tarifa mayor a la permitida a una turista extranjera, a la cual Cantinflas se lleva a pasear mientras le dice al Ministerio Público que la amoneste.