Ricardo Margaleff antes de estrenar “Matilda: El musical": “Sigo tomando clases de canto, baile y actuación”

El actor estuvo en TVyNovelas El Pódcast.

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Ricardo Margaleff

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De aprender, de resistir y de seguir avanzando con disciplina, incluso cuando el camino se vuelve cuesta arriba. Desde ese lugar habla Ricardo Margaleff. Esa reflexión la compartió en TVyNovelas el pódcast, donde el actor abrió su corazón y habló sin poses sobre su trayectoria, el ego, la frustración, la familia y el verdadero significado del éxito tras más de 25 años de carrera.

Hablar de Ricardo Margaleff es hablar de un actor formado en la cultura del esfuerzo. De alguien que entiende la profesión como un proceso largo, paciente y profundamente disciplinado. Más de dos décadas de do. Más de dos décadas de trabajo lo colocan hoy como una figura sólida y vigente, capaz de transitar por la comedia, el teatro musical, la televisión y la conducción sin perder el eje: la preparación constante.

Desde el inicio de la charla, Ricardo Margaleff deja claro que su camino no ha sido sencillo ni inmediato, sino una construcción diaria basada en la constancia, la resistencia y el aprendizaje continuo.

“Porque no sé qué sea mejor, si tener talento o constancia. Ha sido un camino arduo, de mucha batalla, de no claudicar, de persistir, de resistir. La resiliencia se volvió una palabra clave. Siempre que me invitan a academias o escuelas a platicar con los chavos, o cuando van universitarios al foro de Me caigo de risa y me preguntan cuál es mi consejo, digo lo mismo: ‘síganse preparando’”.

“Yo sigo tomando clases de canto, de baile y cursos de actuación. Estuve en Nueva York hace dos años y en Los Ángeles hace uno. Todo el tiempo estoy tratando de seguir preparándome porque vienen nuevas generaciones empujando muy fuerte y hay que estar a la par”.

Con los años, Ricardo Margaleff ha aprendido a mirar su carrera sin jerarquizar proyectos ni menospreciar experiencias. Cada trabajo, explica, deja algo que termina sumando. “Yo creo que no hay proyectos malos. Hay proyectos diferentes que te dejan experiencias, momentos, vivencias, amistades o relaciones. Algunos se disfrutan mucho más que otros, sobre todo en lo actoral, pero todos te dejan algo. Todo suma”.

Cuando se trata de retos, Margaleff es claro: la competencia nunca estuvo afuera.

Siempre fue una conversación consigo mismo. “El reto siempre fue conmigo, con nadie más. Evidentemente el trabajo actoral es fundamental. El síntoma inequívoco de que estás frente a un gran actor es la generosidad. Todos mis compañeros fueron generosos. Yo decía: ‘tengo que hacer lo mío’. Eran cinco personajes distintos: unos bailaban, otros cantaban, otros hacían más comedia, otros conducían la historia.

“Pensé que eso estaba en mis manos, que era un garbanzo de a libra, y que tenía que explotarlo, disfrutarlo y aprovecharlo”.

Uno de los temas que atraviesa su reflexión es el ego, al que identifica como un riesgo constante en la vida artística: “El ego es la muerte inmediata del artista. Y me refiero al artista que crea, que está en la búsqueda.

“Cuando crees que ya lo sabes todo y que ya estás del otro lado, creativamente estás muerto, porque no te reinventas y no te perfeccionas”.

La frustración aparece como una batalla interna que, con el tiempo, aprendió a leer con mayor claridad: “A mí me hubiera gustado haber hecho más cosas y mejor de lo que hice en ese momento. Había frustración, pero no venía del productor ni de mis compañeros, era mía. La frustración nace de uno mismo y muchas veces viene del ego. Con el tiempo entendí que, aunque pude haber hecho más, tampoco era el espacio. No era un programa de comedia, eran intervenciones breves”.

“MI FAMILIA ES MI LUGAR SEGURO, ES MI MOTOR”

AI mirar hacia atrás, Ricardo Margaleff no encuentra arrepentimientos ni deseos de borrar etapas: “Nada. No borraría nada. Mi carrera está construida con todo eso. Todo suma. No hay un proyecto del que diga: ‘ojalá no lo hubiera hecho"".

La familia aparece entonces como el verdadero centro de su vida y la medida más clara de triunfo: “Mi éxito es mi familia. Llegar a mi casa con el alma tranquila, saber que todo está bien, aunque el mundo se esté cayendo afuera.

“Llegar, tomar a mi hija en brazos, darle seguridad, que escuche mi voz. Cerrar la puerta y que mi hijo se levante a recibirme, que esté mi esposa, que nos riamos, que lloremos”.

La paternidad, explica, se ejerce desde la presencia cotidiana, incluso cuando el trabajo exige sacrificios visibles. “No somos una familia perfecta. Tenemos imperfecciones, altas y bajas, pero somos una familia feliz. Mi familia es mi lugar sequro, es mi motor”.

La ausencia temprana de su padre marcó profundamente su manera de entender la responsabilidad emocional y los vínculos: “Me convertí en una especie de falso padre sin tener la madurez para serlo. Eso provocó un alejamiento que, con el tiempo, se pudo sanar. Nadie sabía realmente lo que estaba haciendo en ese momento”.

Hoy, Ricardo Margaleff observa su carrera con perspectiva y con hambre creativa intacta. “Lo mejor es darme cuenta de que todavía me faltan muchas cosas por hacer y tengo muchas ganas de hacerlas”.

Si pudiera hablar con el joven que comenzó hace 25 años, el mensaje sería claro y directo: “Que se siga preparando, que le siga echando ganas y que siga diciendo que sí”, concluye.

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