A un año del fallecimiento de Paquita la del Barrio, su emblemática casa en el barrio de Guerrero se encuentra a la venta en 39 millones de pesos. En exclusiva, quien fuera su mánager y mano derecha, Paco Torres, nos revela los motivos que llevaron al primogénito de la cantante a tomar esta decisión. Además, nos comparte la historia del inmueble y los entrañables recuerdos que alberga, entre ellos el origen de la célebre frase de la artista: “¡Me estás oyendo, inútil!”.
¿Es cierto que Casa Paquita está en venta?
Así es. Casa Paquita fue heredada a su hijo mayor, Miguel Gerardo. Hace un año que él tomó posesión del lugar y, durante este tiempo, creo que pudo dimensionar lo que implica costear el mantenimiento de una propiedad de tal magnitud. La verdad, es una cantidad bastante elevada. Quizá muchos podrían juzgarlo por esta decisión, pero él ya no reside en la Ciudad de México.
En algún momento, Paquita mencionó su intención de reabrir el lugar…
“Sí, cuando Paquita estaba con vida, tenía el deseo de volver a abrir el negocio (que durante muchos años fue un restaurante bar), pero nunca lo concretó. Hay que considerar que para echar a andar un proyecto así es necesario estar al pie del cañón, presente. Y ahora, pensar en abrirlo sin Paquita, creo que tampoco sería lo más acertado. Considero que esta situación llevó a su hijo a decidir vender. Sí, es triste, porque ahí está implícita toda la historia de Paquita, pero podríamos decir que con esto se cierra el ciclo.
Sin duda, un lugar muy especial para Paquita…
“Sí, muy significativo, porque ahí Paquita se dio a conocer, ahí le llegó la fama y ahí nació su frase: “¡Me estás oyendo, inútil!”. Ese terreno lo compró alrededor de 1978. Era un baldío y ella misma lo construyó. Puso lonas, ahí cocinaba y hacía de todo. Poco a poco fue levantando un primer piso; después hizo el segundo, donde instaló el Salón Aries —lo llamó así porque ese era su signo zodiacal— y para ella representó otro gran logro.
“En el tercer piso había pequeños cuartos, algo muy improvisado; ella vivía en uno y en los otros se quedaban los empleados, que en esa época eran en su mayoría sobrinos y familiares que llegaban de su pueblo. Ella les permitía hospedarse. Y cuando su situación económica mejoró, construyó toda la planta alta”.
Y el centro de espectáculos ya nunca lo inauguró…
“El negocio lo cerraron hace unos 20 años, aproximadamente. Cuando le clausuraron y le cerraron, decidió comprar un terreno en la parte trasera y así se amplió; ahí construyó un centro de espectáculos que, lamentablemente, nunca pudo ver funcionando. Ella me decía que su sueño, cuando ya no pudiera salir de gira —y, por cierto, ya estábamos en esa etapa, era quedarse en su casa. Me decía: “solo bajo, doy una función y me subo”. Lo hizo pensando precisamente en esa comodidad.
¿Qué pasó con la idea de convertirla en museo?
“A todos nos gustaría que fuera un museo, pero no sería rentable. ¿Cuánto se podría cobrar? Además, habría que cuidar las piezas, sobre todo los vestidos, y eso requiere un tratamiento muy especial. También está el tema de la seguridad, para evitar robos.
Adoraba su casa…
“Sí, de hecho, un amigo le dijo un día: “Paquita, ahora que tienes dinero, ¿por qué no te vas a vivir a Las Lomas?”. Y ella le contestó: “¡Cómo crees! Mira, tengo a dos calles el mercado y a una cuadra el metro”. Aunque Paquita no usaba el metro, para ella eso era importante. Nunca quiso irse de ahí, jamás pensó en vender su casa y, gracias a Dios, tampoco tuvo necesidad de hacerlo.