Eduardo Yáñez sufre al seguir distanciado de su hijo y no conocer a su nieto: “No puedo obligarlo a que me quiera”

El actor descartó una reconciliación con su hijo y detalló cuáles son los motivos.

Eduardo Yañez estuvo a punto de quitarse la vida. Foto: Getty Images

El único hijo de Eduardo Yáñez no quiere saber nada de él. El actor y su primogenito, bautizado con su mismo nombre, mantienen un distanciamiento de años. Él heredero es hijo de Norma Adriana García.

La estrella de las telenovela que siempre ha mostrado públicamente una imagen de un hombre muy aguerrido y fuerte, hoy vive su propio drama como el de una historia que el protagoniza.

Por más que en su momento intentó mantener una buena relación con su hijo, quien tiene 34 años, no se logró. Y hasta la fecha siguen sin comunicación y ni ha podido conocer a su nieto.

“Es triste decirlo, pero tú no puedes obligar a nadie a que te quiera, cuando sus acciones son completamente en contra tuya todo el tiempo, llega un momento en el que dices, ahí muere”, expresó Yáñez, en entrevista con Matilde Obregón.

Él confesó que buscó que Eduardo Jr. viviera con él, pero el joven decidió hacerlo con su mamá.

“Lo amé mucho, mientras yo lo crie. Era mi mejor amigo, mi mejor compañero, mi mejor todo. Vivíamos juntos… Pero al tiempo yo me di cuenta de que hice lo que tenía que hacer como padre en todo momento”, sentenció Yánez.

Lejos de ese carácter fuerte que pregona tener, dice que esta situación le afecta mucho.

“Lo extraño mucho. ¿Sabes que extraño?, cuando veo compañeros y me presentan a sus hijos, de no poder decir: Este es mi hijo y logró esto y esto. No es mi caso”.

MÁS CONTENIDO COMO ESTE
El encargado de dar a conocer la noticia fue el comunicador ‘Pepillo Origel’.
El boxeador triunfa como empresario, por ello ‘dio clases’ de educación financiera; David Faitelson ya le contestó.
Hace un par de años, la icónica Lorena negaba rotundamente la posibilidad de aceptar entrar al reality.
Aunque hace un año el actor tenía claro que su relación podía tener fecha de caducidad, ¿por qué?