Rosalia León llegó a TVyNovelas el pódcast para hablar de música, pero la conversación abrió una parte profunda de su historia. La cantante recordó sus años posteriores a La academia, las presiones sobre su imagen, las situaciones incómodas que enfrentó en la industria y el episodio que, asegura, la llevó a denunciar internamente a Andrés Roemer.
Su relato pasa por la fama repentina, los aprendizajes de la televisión, los silencios obligados, las puertas que se cerraron y una etapa actual en la que prefiere cantar, componer y construir desde la paz. Antes de llegar a México, Rosalía cantaba en Los Ángeles, California; lo hacía en fiestas, bares y espacios públicos. La academia cambió su vida de golpe y la obligó a aprender sobre imagen, conducción, entrevistas y disciplina frente a cámaras.
“¿Para qué me sirvió? Sí, fíjate que yo pongo muchas veces esa pregunta en mi cabeza. Me sirvió, sí, me sirvió mucho. Me abrió muchas puertas también. Yo venía de tocar en fiestas, en la calle, en bares, me traen a México y me visten de otra forma también”.
Pero esa misma exposición la puso frente a invitaciones y ambientes que no correspondían con lo que ella buscaba como artista. “A mí me tocaron invitaciones de Playboy yo estaba saliendo de La academia. Y llegué a ir a fiestas que me decían: ‘Pues ven para que veas’. Pero no era lo que yo quería”.
Con el tiempo, Rosalía entendió que poner límites tenía consecuencias. Para ella, hablar, señalar o negarse a ciertas situaciones empezó a cerrarle espacios. En ese contexto ubica uno de los episodios que más la marcaron: un encuentro con Andrés Roemer, quien enfrenta un proceso de extradición a México, luego de que la Corte Suprema de Israel rechazó su apelación y dejó firme la orden de extraditable.
Rosalía asegura que fue llamada para una entrevista de Canal 40. Según su testimonio, dejó su carro dentro de TV Azteca y fue trasladada en una camioneta a la casa de Roemer, donde se realizaría la grabación. Al llegar, dice, se encontró sola, y antes de comenzar él le planteó tener una charla previa que, de acuerdo con su relato, rebasó sus límites.
“En mi caso, para mí el problema más grande fue Andrés Roemer. Porque además uno no sabe lo que está pasándole a la otra chica y a la otra y a la otra. Uno piensa que a una solita le pasó eso, que es un evento del momento. Y cuando van pasando los años, pues no, resulta que eran demasiadas mujeres. Y yo fui y en mi momento, pues antes había un teléfono en Azteca donde denunciabas y empecé a hacer todo lo que decían. Denuncié y denuncié”.
La cantante recuerda que, al tratarse de una entrevista, para ella era normal grabar en locaciones. Lo extraño, dice, fue no estar acompañada.
“Tuve un llamado para Canal 40 y dejas tu carro adentro de Azteca y te sacan en una camioneta. Ya cuando salí, me llevaron a casa de Andrés Roemer; de hecho era una casa hermosa. Yo ya sabía que él me iba a entrevistar. Y no, realmente fue caótico. Fue grave el señor”.
Al llegar, Rosalía asegura que la situación dejó de parecerle una entrevista normal. Cuenta que él la sentó frente a una mesa con frutas, bebidas y vinos, y que empezó a hacer comentarios desconcertantes. “Este señor de la nada me sienta con un montón de frutas y cosas y vinos y todo, una mesa ridícula porque era como una tabla flaca, flaca, flaca. Y el señor aquí enfrente. Y ya el señor empieza a decir, sin ninguna charla previa, un montón de cosas soeces, palabras que yo decía: ‘¿A quién le dice?’”.
La ausencia de acompañamiento fue una de las primeras señales de alarma. En ese momento, dice, cada salida pública de los participantes de La academia solía hacerse con un personal manager.
“Estaba yo sola y me comentaba él que primero íbamos a tener una charla antes de la entrevista. Pues me pareció grave porque a nosotros nos pasaba que éramos muy conocidos en ese momento y cada muchacho tenía que ir con alguien, siempre con lo que le llaman un personal manager. Y ahí pues yo iba sola. No vino nadie. Pero bueno, como si todo estuviera puesto en charola de plata”.
La cantante relata que el episodio escaló físicamente y que, al sentirse en riesgo, decidió levantarse y encerrarse en el baño.
“Yo me acuerdo que me jaloneó de la ropa. Te puedo contar que todas cuentan lo mismo: se quita el zapato y, según ella describe (señalando abajo de su cintura), te pone ahí su pie. Y pues yo me puedo considerar que era más grande que muchas que les ha pasado, en La academia era de las más grandecitas. No tan fácil ya me espantaba. En el momento me paro y se cayó la mesa y me metí al baño y me encerré”.
Ya encerrada, Rosalía asegura que Roemer permaneció afuera de la puerta y le ofreció oportunidades profesionales a cambio de “20 minutos” de su vida.
“Y él me decía: ‘Dame 20 minutos de tu vida, 20 minutos y yo te doy novela. ¿Quieres estelar?’. Y él estaba fuera de la puerta del baño. Todo eso nunca lo había contado así, realmente siempre lo cuenta uno con temor”.
A partir de ahí, su prioridad fue salir de la casa. Cuenta que empezó a llamar por teléfono para pedir ayuda y que usó ese argumento para presionarlo a dejarla ir. Según su relato, al final Roemer intentó darle dinero antes de despedirla.
“‘Por favor, señor, déjeme ir porque ya vienen por mí. Si no me deja ir, ya van a venir por mí’, le decía, y cuando me deja ir, me quiere dar dinero en la mano. Y me dice: ‘Ay, adiós, Rosalía’”.
Rosalía recuerda que al salir encontró su carro, el mismo que había dejado dentro de TV Azteca, ya en la casa de Roemer. Asegura, acudió con sus managers de Azteca Music para denunciar lo ocurrido. “Ya el siguiente día yo denuncié enseguida a nuestros managers de Azteca, que era Azteca Music en ese momento. Y enseguida pues todos espantados dijeron: ‘Vamos a poner una denuncia’. Y se puso la denuncia, me pusieron unas fotos y me dijeron: ‘¿Reconoces quién es?’. Sí, claro que sí, es este”.
La cantante aclara que no reduce toda su experiencia en TV Azteca a ese episodio.
Reconoce que tuvo oportunidades, trabajo y exposición dentro de la televisora, pero sostiene que la manera en que se manejó la denuncia terminó por separarla emocional y profesionalmente de ese entorno.
“Hablaron conmigo, me dijeron: ‘¿Sabes qué? No puede ser que por una persona todos fallemos, eso no quiere decir que Azteca todo es así’. Y tienen razón, no todo Azteca es así, porque a mi me fue muy bien, soy de las que más hice tele, de las que hice disco. Pero ese momento en el que yo denuncié, pues a mí me hizo separarme”.
Rosalía precisa que aquellas denuncias fueron internas. En ese momento, por edad, miedo y desconocimiento del alcance legal del proceso, pensó que acudir a la empresa era ya una forma suficiente de denunciar. “Siempre fue denuncia en Azteca y siempre fue pensando en que eso ya era una denuncia. Yo estaba más chica y tenía mucho miedo porque hay muchas chicas que cuentan que este señor es peligroso y que se ha vengado”.
Hoy, con más distancia y después de conocer otros testimonios, Rosalía no cierra la puerta a una denuncia formal. “Claro, definitivamente, definitivamente. Y más cuando ya salieron como 61 personas”.
A la distancia, considera que una de las salidas más importantes para quienes viven algo similar es hablar. “Definitivamente hablar con más gente, hablar con tu familia, con tus padres. Yo pues lo hablaba con mis padres, pero mis padres de alguna forma decían: ‘Pues es que ese es el ambiente’. Y tú te das cuenta que no, no es el ambiente. Hay muchas gentes o personas que no tienen que vivir eso”.
La conversación también abrió otro tema: las presiones sobre el cuerpo y la imagen de las jóvenes que salían del reality. “Fíjate que a mí me pasó y a muchas nos pasaba, salías del reality y te decían que te tenían que poner bubis”.
Rosalía explica que muchos venían de familias ajenas al medio y de pronto otros decidían sobre su aspecto. “Para nosotros era algo muy nuevo, no éramos hijos de alguien, para ellos era de: ‘Ah, mira, te vas a ver increíble’. Era así como una imposición. Decían: ‘Ah, sí, ya la firmaron, ahora arréglamela’. Y tú te quedabas: ‘Bueno, pues me van a hacer un cambio de look’”.
También recuerda eventos a los que eran enviadas algunas exacadémicas. Según su testimonio, no siempre quedaba claro si iban a cantar o a acompañar reuniones de ejecutivos. Yo decía: ‘¿Qué vamos a cantar aquí?’, y un día dije: ‘Vámonos al baño y nos largábamos’. Y entonces eso hacía que te fueran quitando trabajo”.
Ese proceso la obligó a pensar en otro camino. Rosalía sabía tocar la guitarra y componer, entonces recordó a José Luis Cornejo, quien había sido juez en La academia. “Yo decía: ‘Sabes qué, yo toco guitarra, hago canciones, me regreso a Estados Unidos o qué voy a hacer’. Y fue cuando me acordé de que José Luis Cornejo fue mi jurado en La academia, cuando todavía los jurados eran importantes, no era una broma, cuando todavía cantábamos una canción completa y los nombres de los que cantábamos eran los importantes”.
De la mano de Cornejo, Rosalía empezó a desarrollar una propuesta distinta, con guitarra, raíz folclórica, actitud moderna y una idea más clara de lo que quería defender como artista mexicana.
“Empecé a tocar guitarra acústica y empezamos a buscar un casting de un guitarrista eléctrico para hacer algo muy hermoso, muy con raíz folclórica, pero moderno, que nos viéramos con una actitud de rockeros, pero con folclore mexicano, porque además yo venía de allá y venía muy entendida de ser mexicana y de realzar la tradición”.
Hoy, su nuevo proyecto musical, Run-Güey, representa una búsqueda distinta y marca su acercamiento formal al mariachi.
“Run-Güey trae cinco canciones de mi autoría. Me acompaña Mariachi Romanza y además es un álbum en donde quise retarme con esta sonoridad del mariachi que no había presentado. Rodrigo Rodríguez hizo los arreglos. Yo he estado haciendo las letras y las canciones. Marcelo Rivera en la mezcla y José Luis Cornejo está en la producción, como en todos mis álbumes. Hacemos un álbum, para mí, muy, muy mexicano, pero tú vas a oírlo con un México muy de hoy, muy moderno, que puede oír la familia”.
¿QUIÉN ES ANDRÉS ROEMER?
Exdiplomático, Andrés Roemer es un escritor y conductor mexicano que durante años mantuvo una fuerte presencia en la vida pública, cultural y política del país. Sin embargo, su nombre tomó un giro radical en 2020, cuando comenzaron a hacerse públicos decenas de testimonios de mujeres que lo denunciaron de presuntos actos de violencia y abuso sexual. Actualmente, Roemer enfrenta un proceso de extradición desde Israel, país al que viajó tras las acusaciones en su contra. La última noticia sobre el caso fue en enero de 2026, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum subrayó que su gobierno estaba poniendo especial énfasis en la extradición de Roemer, considerado prófugo de la justicia mexicana.