Aldo Guerra, hijo del legendario Rogelio Guerra, abre su corazón en TVyNovelas El Pódcast para hablar de los años de preparación que hoy lo tienen en una etapa luminosa, del peso e inspiración de su apellido, de los “no” que marcaron su carrera y de la pasión con la que abraza el teatro y su propio camino.
¿Qué se siente ser Aldo Guerra?
“Qué buena pregunta. No sé, me gusta mucho vivir y disfruto muchísimo lo que estoy haciendo. Soy muy apasionado y no sé, estoy pasando por una etapa muy bonita”.
¿Fueron años de lucha, no fue una situación que se dio gratis?
“No, la verdad es que no. Siento que ahorita estoy cosechando cosas que empecé a sembrar hace muchos años y, sí, no fue algo efervescente; simplemente se fue marinando y construyendo bases muy sólidas en mi carrera, y ahora es cuando estoy empezando a ver los frutos”.
Pero, además, con preparación...
“Sí, empecé a actuar desde los ocho años, a tocar el piano a los cuatro, a los 16 me metí a danza, también a canto, y desde niño tenía una banda de rock. Fueron habilidades que fui construyendo día a día, y de repente, ahora, es cuando me siento más capaz de realizarlas todas. Siento que fui llenando las cubetas poco a poco y ahora es como: “ok, esta cubeta ya está llena, ésta también”.
Es un trabajo de constancia...
“Sí, una vez Arturo Peniche me dijo: “Esta carrera es de constancia, insistencia, persistencia, resistencia y paciencia”. Esas palabras siempre se me quedaron grabadas. Fue claro: “esto no es una carrera de 100 metros, es un maratón”. Y sí, es construir algo que pueda hacer durante toda mi vida.
“EL RECHAZO ES MI TALÓN DE AQUILES": ALDO GUERRA
¿Cómo trabajas emocionalmente los “no”?
Es difícil. La verdad es que soy alguien para quien el rechazo es literalmente mi talón de Aquiles, el dedo en la llaga. Durante muchos años le tuve mucho miedo. Siempre quise sobrecompensar, esforzándome muchísimo para que el “no” no llegara, pero nadie se salva. Se trata de hacer las paces con él. El “no” no significa que no eres bueno, no significa que apestas, significa que no sirves para esto en este momento. Entender eso me ha ayudado muchísimo a hacer las paces con los “no”.
Y los “sí”, ¿cómo los tomas?
“Celebrando con los amigos, brincando de felicidad y agradeciendo esas oportunidades que llegan día a día para poder seguir creciendo como actor y tener más proyección”.
¿Cuál fue uno de tus “no” más fuertes?
“Cuando hice la audición para La voz... México. Yo estaba muy ilusionado, los procesos de casting me habían ido muy bien, pero en esa audición me puse nervioso, unos nervios que nunca había sentido en mi vida. Cuando vi que no volteaban, sentí: “ok, no soy suficientemente bueno para ellos”. Ese “no” es el que más me ha dolido en la vida. Ahí entré como en una pequeña crisis, dejé de cantar un rato, me pegó muy duro, pero después hice las paces con eso y entendí que no era mi momento.
¿A qué sabe lo que haces?
Uff, ¡delicioso! No sé, puede ser una lasaña deliciosa de la que se escurre el queso, pero también un gran postre. Es muy dulce y muy gratificante esta profesión. Ese momentito antes de salir a escena y dar el primer paso, ¡wow! Es una sensación tan única y maravillosa, que no la cambio por nada.
Asesinato para dos se ha convertido en uno de los mayores retos y satisfacciones de su carrera.
Tu familia tendría que ser la base de todo esto...
“Sí, es la base y el principio. El que desde niño pudiera acompañar a alguien tan grande como mi papá a su trabajo, a las funciones de teatro y verlo trabajar desde bambalinas o quedarme en los camerinos, me hizo enamorarme del misticismo del mundo teatral y actoral. Empecé a actuar muy niño, a los ocho años fue mi debut, y siento que muy rápido encontré una pasión en la vida. Ese es el mayor regalo que me pudo haber dado mi papá.
La responsabilidad del apellido, ¿cómo lidias con eso?
“No sé, siento que mi papá es mi papá, ¿sabes? No es Rogelio Guerra el actor, la estrella; mi papá era mi papá. Esa era mi normalidad. Siento la responsabilidad del apellido como para seguir el camino, pero no es una presión angustiante, es más bien una inspiración. En un momento me cuestioné todo: si lo estaba haciendo solo por seguir sus pasos o para darle gusto a mi familia. Y cuando desmenucé eso, fue como: “no, es porque a mí me gusta esto, es porque ésta es mi pasión, porque yo soy la persona más viva en un escenario”. Ahí fue cuando todo cambió.
¿No ha habido necesidad de decir “hijo de”?
“Sí, pero eso fue una decisión muy consciente de mi parte. Yo sabía que había muchos comentarios, como de que si estaba ahí era por ser “hijo de”, nepotismo total. Y yo decía que no. Quería ganarme mi lugar, no quería que fuera por dedazo ni por favor. Todo lo que fui haciendo fue porque yo me lo fui ganando. Y siento que ahora es hermoso, porque me he ganado mi lugar con mi propio esfuerzo.
¿Dónde te ves?
“Durante muchos años tuve sueños muy grandes, y luego pasé por un bache justo cuando murió mi papá y todo se volvió un poco difuso, sobre todo en las metas y en los sueños. Pero ahorita, después de ponerme a prueba con mis capacidades y con las obras que estoy interpretando, los sueños volvieron a ser inmensos. La verdad, sí me veo haciendo teatro en Broadway, haciendo mucho cine y, sobre todo, me veo trabajando de actor toda mi vida.