Natasha Dupeyrón se despide de ‘Tamara’ en ‘Los hilos del pasado': “Estoy satisfecha con lo que se logró”

“Imagínate lo que representó para mí trabajar con Yadhira Carrillo, ella me enseñó muchas cosas hace más de 20 años”.

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Natasha Dupeyrón como ‘Tamara’

Instagram, Nayib Canaán

Hay regresos que se sienten como un ciclo que se cierra y otro que se abre, luminoso, renovado, inevitable. Para Natasha Dupeyrón, Los hilos del pasado no fue solo un proyecto más en su carrera: fue la puerta hacia un reencuentro con su origen actoral, con la fábrica donde creció, con aquel lugar al que, como dice, regresa convertida en otra mujer.

No es menor que haga su retorno 11 años después de su última telenovela, Qué pobres tan ricos, periodo en el que decidió enfocar su energía en el cine y en las historias que la retaban desde la pantalla grande. Hoy, con 34 años, asume uno de los personajes más icónicos de los melodramas mexicanos: Tamara, la villana que en 1998 marcó a toda una generación gracias a la inolvidable interpretación de Cynthia Klitbo en El privilegio de amar.

Para Natasha Dupeyrón, Tamara llegó para moverle el piso, para obligarla a mirarse en un espejo emocional tan complejo que se convirtió en un viaje, a ratos incómodo, a ratos revelador.

“Creo que la violencia no se puede justificar, pero a mí gusta humanizar a mis personajes, los personajes que la gente odia”, explica en entrevista con TVyNovelas, consciente de la expectativa que genera ocupar un rol tan amado, tan odiado y tan recordado.

En esta nueva versión, Tamara mantuvo su esencia: una mujer elegante, caprichosa, obsesiva; un torbellino emocional que arrastra a quienes la rodean y que vive atrapada en sus propios abismos. Para encarnarla, Natasha buscó un lugar más profundo que el mero arquetipo de la villana.

“Este es un personaje cruel, que manipula, entonces tenía que haber un por qué. Lo que yo encontré fue este desajuste en su salud mental, ya que es una mujer bipolar, tiene ansiedad, es narcisista y me funcionó llevarla por ahí. Es muy divertido, pero tiene sentido. Para mí no había otro camino”.

Ese camino la llevó incluso a someter a su cuerpo a un estrés calculado para comprender las emociones de Tamara. “Actoralmente crecí mucho, creo que las novelas son como clases de actuación una y otra vez”, cuenta, “Tamara me enseñó a llevar mi cuerpo a un estrés extremo como para provocarme ataques de ansiedad y también salir de ellos”. Y aunque habla con serenidad, el proceso fue tan intenso como transformador.

Mucho se ha dicho de ese viaje de 11 años que la mantuvo lejos de la televisión. Natasha los vivió en silencio, en reconstrucción, en aprendizaje. Volver no fue sencillo. “Estaba nerviosa de regresar, pero me recibieron muy bien. La verdad es que vi caras que hacía mucho no veía y El Güero me cuidó muchísimo, por eso me quedé con un buen sabor de boca”.

Hay nostalgia en sus palabras, pero también gratitud: Televisa es un lugar que reconoce como parte de su biografía emocional.

“Regresé al lugar donde crecí, literal. Yo crecí en Televisa, pero me fui y regresé como otra persona, con más experiencia, más feliz, más madura y eso me ayudó bastante para sacar adelante este personaje”, comparte.

Uno de los reencuentros más significativos fue con Yadhira Carrillo, protagonista de esta nueva versión y figura crucial en la infancia actoral de Natasha.

“Imagínate lo que representó para mí trabajar con Yadhira Carrillo, ella me enseñó muchas cosas hace más de 20 años. Fue quien me enseñó a llorar mientras hacíamos la telenovela La otra. Cuando la veía aquí recordaba todo lo que me enseñó y en más de una ocasión se lo dije”.

Pero si hay una imagen que ha marcado esta nueva versión, es el momento en que su personaje se rapa frente a cámara, una secuencia que exigió una entrega absoluta. En 1998, Cynthia Klitbo quedó en la memoria colectiva gracias a esa escena que revelaba la fractura emocional de Tamara. Natasha replicó ese momento con un simbolismo personal inesperado.

“En nuestra cultura tener el pelo largo significa feminidad y cortarlo requiere de mucho valor, es reconectar con esta parte femenina si es que la quieres y la buscas”, reflexiona.

Cortarse el cabello no era un capricho de personaje; era un acto que la confrontaba con un temor propio. “En lo personal, Tamara me vino a reafirmar que nunca sabes lo que las otras personas están viviendo y creo que es muy importante tener ese respeto... Por otro lado, me enseñó a perder el miedo, cortarme el pelo me daba mucho miedo y estoy satisfecha con lo que se logró. Diría que fue algo muy intenso y a la vez divertido”.

La secuencia, filmada en Milán, Italia, terminó por convertirse en una especie de ritual: de despedida, de valentía, de renacimiento. Y para una actriz que hace una década eligió alejarse de los melodramas, esa imagen simboliza su regreso más poderoso.

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Natasha Dupeyrón en Los hilos del pasado

Televisa

Detrás de cámaras, Natasha encontró un espacio amable, casi familiar, donde el peso del personaje se aligeraba gracias a sus compañeros. “En las grabaciones la pasamos muy bien, fue hermoso poder compartir con mis compañeros, aprenderles. Los admiro y los quiero mucho”.

En sus palabras se asoma una actriz que ha aprendido a valorar la vida en equipo, esa que sostiene los procesos más desgastantes. Porque Tamara no es solo un rol; es un desafío emocional que exige honestidad y una entrega absoluta. Y Natasha lo asumió con la convicción de quien regresa a un territorio conocido, pero lo mira con ojos nuevos. “¿Por qué no volver a contarlas a un público diferente?, yo creo que es una increíble idea...”, dijo también, defendiendo la decisión de rescatar historias que ya forman parte del ADN sentimental del público mexicano.

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