La historia, a veces, tiene un extraño gusto por repetirse. Como si el tiempo fuera un espejo caprichoso, Humberto Zurita vuelve a estar en el centro del reflector, exactamente desde el mismo lugar donde alguna vez aprendió que la fama también tiene filo.
En marzo de 1984, cuando interpretaba al hijo de Ernesto Alonso en la telenovela El maleficio, su rostro joven, de ojos azules y porte recio, ocupó la portada de TVyNovelas. No era una portada complaciente. Ahí se le acusaba de provocar mil rumores, de golpear a un camarógrafo en Televisa, de golpear a la actriz Diana Bracho y de pelearse con productores y directores.
Él, entonces, respondió con una frase que se volvió escudo y consigna: Cuatro décadas después, la misma sentencia vuelve a escucharse, casi intacta, en medio de una polémica distinta, pero con el mismo eco mediático. La historia, sin duda, se repite.
A comienzos de 2026, cuando las redes sociales parecían necesitar un nuevo protagonista para el escándalo, un breve video grabado sin contexto fue suficiente para encender la conversación pública. En cuestión de horas, el nombre de Humberto Zurita se convirtió en tendencia, no por un estreno ni por un reconocimiento artístico, sino por interpretaciones ajenas que intentaron leer conflicto donde, según él, no lo había. Otra vez, los rumores. Otra vez, la sospecha. Otra vez, el juicio público antes que la verdad.
Las imágenes, difundidas en el canal de YouTube de Kadri Paparazzi, mostraban al actor caminando junto a Stephanie Salas dentro de un centro comercial al sur de la Ciudad de México. Algunos gestos, un intercambio de palabras que no se escuchan y una distancia mínima bastaron para que surgieran conjeturas sobre una supuesta crisis sentimental. La narrativa se armó rápido; los juicios, más aún.
Lejos de esconderse o evadir el tema, Zurita decidió enfrentarlo. Lo hizo en el lugar que mejor conoce: un teatro, aunque esta vez no para actuar, sino para hablar.
Durante la presentación a medios de su obra El seductor, el actor conversó con TVyNovelas y aclaró, una a una, las versiones que lo señalaban. Ahí, con la calma de quien ha vivido suficientes tempestades, casi volvió a repetir aquella frase de los ochenta y nos dijo: “Lo difícil es lidiar con personas necias que, sin razón, quieren acusarte de cosas que no son ciertas”.
Con voz firme, pero sin estridencias, el histrión explicó que el fenómeno no le resulta ajeno. “La gente es envidiosa, siempre están buscando lo malo de lo bueno, tendrían que ver lo bueno que yo hago por Stephanie”, dijo, consciente de que la exposición pública suele traer consigo interpretaciones interesadas.
Para él, el problema no es el video, sino la intención con la que se mira, el deseo de encontrar sombra incluso donde hay luz.
Humberto Zurita rechazó categóricamente que existiera agresión o falta de respeto. En ese punto fue enfático, quizá porque toca una fibra profunda de su historia personal. “Jamás me permitiría faltarle el respeto, no solo a Stephanie, a ninguna mujer en la vida”, afirmó. Y añadió que esa postura no es una estrategia mediática, sino el resultado de una educación sólida y de valores que no se negocian. En su discurso no hay estridencia, pero sí una línea clara que no admite matices.
Con más de cuatro décadas de trayectoria, el intérprete sabe que la opinión pública es volátil. “La gente me conoce, tengo 45 años haciendo esto y me quieren mucho, afortunadamente. Habrá muchos que no me quieran, nadie es monedita de oro”, expresó, con una mezcla de serenidad y realismo. No pretende agradar a todos, pero sí dejar claro quién es y desde dónde habla.
El protagonista de telenovelas como Alguna vez tendremos alas recordó que no es la primera vez que enfrenta señalamientos. Su matrimonio de muchos años con Christian Bach también estuvo bajo el escrutinio constante. “Nos atacaban minuto por minuto, pero al final es nuestra vida misma la que habla”, comentó, dejando claro que el tiempo suele acomodar las versiones y desnudar las exageraciones.
Humberto Zurita también habló de su origen y de su filosofía de vida.
“Yo vengo de muy abajo, vengo del barrio”. Y eso no es más que la verdad, pues a inicios de los 90, TVyNovelas una vez más acompañando la vida del artista, viajó a Torreón, Coahuila, su tierra para platicar con sus papás y conocer un poco más de sus raíces.
En aquella ocasión su papá, don Armando Zurita (q.e.p.d.) nos platicó que él siempre trabajó como vendedor: de autos, de seguros de vida y en tiendas departamentales para sostener a sus 10 hijos y a su esposa, quien también realizaba negocios caseros con tal de sacar adelante a sus vástagos. Y de eso aprendió Humberto, quien también en aquella entrevista nos contó: “Mi papá era un hombre muy trabajador, pero éramos 10 de familia y por eso había muchas carencias. Mi madre vendía lo que se pudiera con tal de apoyar a mi papá. Era una época, en la cual, si querías ir de vacaciones debías trabajar duro. Yo la hice de bolero, de vendedor, de empleado, de todo...”.
Su papá no creía que Beto, como le decían de cariño, la fuera a hacer en la actuación y reconoció que ni siquiera le gustaba mirar el trabajo de su hijo en televisión y mucho menos en teatro.
Sin duda, Humberto tuvo grandes bases en su hogar, sabe lo que es el trabajo, lo que es esforzarse por conseguir sus metas y lo más importante, tuvo el amor de sus padres y por eso, quizás por eso, su frase: “Jamás me permitiría faltarle el respeto, no solo a Stephanie, a ninguna mujer en la vida” cobra totalmente sentido, sobre todo porque no se victimiza, pero tampoco minimiza los embates. Simplemente, sigue adelante, con la convicción de quien sabe de dónde viene y hacia dónde va.
Resulta casi irónico que el escándalo en el que se vio envuelto, por supuestamente pelear con su pareja, Stephanie Salas, estallara justo cuando presenta una obra titulada El seductor. Sin embargo, Humberto se encargó de desmontar cualquier paralelismo simplista. “No me considero un seductor, nunca... a mí me gusta seducir a la vida”, confesó, alejándose del estereotipo del galán y acercándose más a la imagen de un hombre reflexivo, que privilegia la calma sobre el exceso y la profundidad sobre la pose.
Y hablando justo de esa personalidad de galán, la cual es clara que posee, se le preguntó cómo nació su vínculo amoroso con Stephanie Salas, y la respuesta fue sencilla y sin artificios: “No hubo una seducción como tal... las cosas se fueron dando solas”. Habla de conversaciones, de reencuentros, de una cercanía que creció sin prisa, lejos del dramatismo que algunos quisieron imponerle desde afuera, además aclaró que trabajar con ella, así como lo hizo en su momento con Rebecca Jones, quien fue su pareja antes de casarse con Christian Bach, y con la misma Christian nunca le representó ni le ha representado un conflicto.
Y hablando de Christian Bach, quien fue su esposa por 33 años hasta que la muerte de ella los separó, el actor le dedicó unas palabras llenas de emoción.
“Christian vive en mi corazón, en el de mis hijos... esa flama divina de amor”, expresó, recordando a la mujer con la que compartió gran parte de su historia y que sigue siendo un pilar afectivo en su presente.
A sus 71 años, Humberto Zurita sigue siendo una estrella y sí, un galán, no solo por su estampa varonil, por su voz profunda o por esos ojos azules que en los años ochenta hicieron suspirar a millones de mujeres frente al televisor, sino por una masculinidad que ha sabido transformarse. Él mismo lo reconoce: “Yo me siento muy bendecido porque en todos lados me reciben muy bien, la gente es muy linda con mi familia, con mis hijos, me habla estupendamente bien de ellos, me hablan de mi carrera. Uno con los años se convierte en primer actor, no es que uno sea primer actor por ser el mejor, sino por ser grande, viejo, entonces hay que irse aceptando en la vida”.
“Dicen por ahí que no educas con la palabra, educas con el ejemplo. Y creo que es un poco válido eso, el hecho de que desde niños ellos nos hayan visto a Christian y a mí, trabajar, y estar siempre en backstage con nosotros, viendo nuestros trabajo, cómo yo producía, cómo dirigía, o cómo actuábamos, pienso que tomaron el ejemplo, porque además, lo nuestro es una enfermedad, es una enfermedad contagiosa. Y ahí están mis hijos dándole duro”.
Mientras los rumores se diluyen con la misma rapidez con la que surgieron, Humberto Zurita continúa donde siempre ha estado: sobre el escenario, protagonizando El seductor, defendiendo su verdad con la misma convicción con la que interpreta cada personaje. Porque, al final, como en 1984 y como ahora, la historia puede repetirse, pero la vida, no las redes, es la que tiene la última palabra.