Memo Schulz llegó a TVyNovelas el podcast con la naturalidad de quien sabe contar una historia sin ponerse medallas. Habla de deporte y de familia, de trabajo y de ausencias, de la pasión por narrar y de esos momentos que lo obligaron a poner todo en perspectiva. Detrás del comentarista alegre, folclórico y entregado se esconde un hombre forjado en la disciplina, la gratitud y la certeza de que, incluso en los días más duros, siempre queda algo por agradecer.
¿De dónde sacas esa constancia, ese talento y esa perseverancia?
Yo siempre quise estar ligado al deporte de alguna forma. Practiqué muchas disciplinas sin mucho talento, pero con muchas ganas. Finalmente, en el básquetbol encontré un camino, estuve becado e inclusive llegué a tener sueños de grandeza, de terminar en la NBA, pero llega un momento en el que tienes que tener los pies bien puestos sobre la tierra. Mi familia, sobre todo mi abuelo y mi papá, me inculcaron el tema del deporte.
No te has quedado en un solo lugar ni en una sola forma de comunicar. ¿Qué te ha marcado en este trabajo?
Creo que en este trabajo y en la vida lo que hace la diferencia es ser auténtico. Eso es algo que tienen Toño, Enrique y Pepe. Son grandes maestros con los que he tenido la oportunidad de trabajar. Como los ves y los has escuchado por más de 40 años en la televisión, así son en la vida real. Creo que eso hace la diferencia: ser en casa como eres con tus amigos y trasladarlo a la pantalla. Eso te conecta de una manera muy especial con quienes están del otro lado.
¿En qué momento dijiste: “quiero estar ahí, quiero hacer esto”?
Te soy sincero, yo siempre estuve ligado al tema de la administración pública y el derecho. Yo quería ser presidente. Me veía siendo alguien importante en el tema político en nuestro país, porque pensaba que desde ahí podías hacer un cambio, no solo para ti, sino para todos alrededor. Era el sueño utópico que tenía, pero conforme vas creciendo te vas dando cuenta de las cosas y todo va cambiando.
Y entonces apareció Televisa Deportes...
Sí, un día en la universidad hicieron un casting. Fue Javier Alarcón, en ese entonces director editorial de Televisa Deportes. Yo estaba en segundo semestre de Derecho y vi los panfletos que decían que, si alguna vez quisiste ser comentarista y te gusta el deporte, te presentaras. Era para alumnos de comunicación, pero dije: “Tengo libre entre Civil y Penal, voy a ver”. Nos pusieron a cuadro, nos hicieron preguntas y de todos a cinco nos pidió que nos quedáramos. Pasaron un par de meses, me hablaron y me dijeron que me presentara en Televisa. Eso fue el 11 de septiembre de 2001. Fui, esperé como una hora y me dijeron: “Gracias por venir, no sabemos si va a haber mundo mañana, pero te hablamos”. Y me hablaron al día siguiente; el resto es historia.
¿Qué defienden los comentaristas deportivos cuando debaten con tanta intensidad?
La pasión. Es la misma pasión que tenemos todos los que amamos el deporte.
Has trabajado muchísimo. ¿Cómo equilibras tantas horas de trabajo con la familia?
Soy privilegiado. Lo que yo haya pasado, hay mucha más gente que la pasa peor, entonces no me puedo quejar. Cuando nació mi segundo hijo estuvo en terapia intensiva seis o siete meses. Eso te da perspectiva. Primero la salud, porque sin salud no tienes nada; luego la familia. Tienes que trabajar porque quieres darle lo mejor a tus hijos. Me perdí muchas cosas, equilibrar todo eso es difícil, pero no me puedo quejar porque mi trabajo me ha dado mucho.
¿Ha habido reclamos de la familia?
Claro, por supuesto, muchos reclamos. Y les digo: lo que estás disfrutando ahora, donde estudias, las cosas que tienes, tienen que ver con el sacrificio que uno hace para que puedas tenerlo.
¿Cómo fue tu infancia?
Muy feliz, muy alegre. Fui privilegiado. Mis papás son mis ejemplos a seguir, así como mis abuelos. Mi abuelo de parte de mi mamá tuvo una historia de superación increíble: con muy poco terminó siendo CEO de una empresa transnacional. Mi papá también, desde muy joven tuvo que trabajar; empezó limpiando baños en el Monte de Piedad y terminó siendo subdirector general. Si eso no te inspira a ser mejor, no sé qué sea.
¿Qué consejo tratas de transmitirle a tus hijos?
Que no le tengan miedo al “no”. Es algo que también expreso en conferencias: nunca tengan miedo al “no”. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Que recibas el “no”, pero si no lo intentas, no vas a saber qué hubiera pasado. Eso he tratado de replicarlo en mi trabajo desde que llegué a Televisa. Yo no estudié comunicación ni periodismo, entonces tenía que preguntar, aprender y ser como esponja. Se lo digo a mis hijos: no le tengan miedo al “no”, sean como son, porque son buenas personas, y más temprano que tarde se abren las puertas.
¿Cómo conociste a tu esposa?
Fue el destino. Un amigo del básquet me invitó a salir y yo no quería. Venía de entrenar, estaba cansado, tenía partido al día siguiente. Fue a mi casa y prácticamente me sacó de la cama. Íbamos al Bulldog, pero a dos cuadras dije que no quería ir y nos fuimos a otro lugar. Ahí estaba una chava y, de todas las que pasaban, mi amigo detuvo a la que hoy es mi esposa y le dijo: “Le gustaste a mi amigo”, refiriéndose a mí. Así fue.
Has hablado mucho del papel de tu esposa en casa...
Ella es la que carga con todo lo que tiene que ver con los niños. Uno trata de hacer lo mejor posible, proveer, tener tiempo de calidad para ellos y ayudar cuando se necesita, pero ella es la que realmente lleva el barco. Mi esposa ha pasado por situaciones muy fuertes: embarazos de alto riesgo, cesáreas terribles, placenta previa, momentos de miedo. Si ella ha pasado por todo eso, ¿yo de qué me puedo quejar?
¿De qué te agarras en esos momentos?
La fe es importante, la familia también. Todos nos doblamos de manera distinta, pero uno trata de ser fuerte para la familia.
Como papá, ¿cómo eres?
Yo creo que soy más tranquilo. Antes era no mostrar afecto, hablarle casi de usted a los papás o a los abuelos. Ahora, cada que puedo, doy besos por todos lados, les digo “te amo” y los abrazo. No me importa mostrar amor. En esta vida un día estás y al otro, no.
¿Cómo lidias con las redes y los monstruos que rodean hoy a los hijos?
Es muy difícil porque todo lo tienen al alcance de la mano. Nacen con una tableta o un teléfono. Tratas de cuidarlos lo más posible, pero en algún momento tienen que volar por sí solos. Les das las bases, les explicas las cosas, tienes conversaciones incómodas. No hay manual; uno va aprendiendo a base de golpes y situaciones.
¿Eres feliz? ¿Cuál es la fórmula?
Sí, la verdad sí. No me puedo quejar. Saber que esta vida no la tenemos comprada.