A estas alturas, Erika Buenfil podría darse el lujo de bajar el ritmo, pero no está en sus planes. La actriz continúa trabajando, explorando nuevos personajes y, sobre todo, disfrutando una etapa en la que se siente agradecida por las oportunidades que siguen llegando. Este lunes 21 de septiembre regresa a la pantalla con Sabor a ti, producción de Lucero Suárez en la que comparte créditos con un elenco encabezado por Eva Cedeño y Mario Morán.
“Contando que llevo casi 45 años de carrera, no tengo idea cuántas telenovelas he hecho. Hubo años en los que no grabé, pero también hubo otros en los que hice una a principios de año y otra a mediados. No sé, ¿para qué te miento? Pero gracias a Dios, estoy muy bien y sigo en la trabajadera”, nos dice al comienzo de una charla exclusiva con TVyNovelas mientras se desconecta unos días en Acapulco.
La permanencia no la atribuye a una fórmula secreta, sino a la manera en que disfruta su oficio y a la conexión que ha construido con quienes la siguen. “Yo lo tomo como un trabajo que me encanta, lo hago con muchas ganas y con mucha alegría, y lo disfruto mucho. Yo creo que es el resultado de mi propia entrega.
“El público recibe con cariño cuando ve que nosotros hacemos las cosas con igual cariño. Entonces, definitivamente, siento que es el resultado. Claro, a unos les va bien, a otros no, habemos de todo, pero yo estoy agradecida siempre con el público”.
Su trayectoria también le ha enseñado que los momentos de incertidumbre pueden desembocar en oportunidades inesperadas. Esa perspectiva la comparte después de hablar con su hijo Nicolás sobre todo lo que ha ocurrido en los últimos años.
“Cuando en la vida sientes que todo te da la espalda o parece que no encuentras para dónde, viene un nuevo aire, un segundo, tercero o cuarto, y ahí sigues y sigues. Incluso ayer lo platicaba con mi hijo, le decía: ‘Ay, mijito, ¿quién lo hubiera dicho, que yo sigo y que gracias a Dios tengo mucho trabajo y que no paro?’. Nunca me lo hubiera imaginado. Ahora me siento muy comprometida porque la gente me pide más. Obviamente quieren que sucedan más cosas, entonces ni hablar, hay que echarle ganas”.
La invitación para participar en Sabor a ti llegó de alguien a quien conoce bien. Buenfil ya había trabajado con Lucero Suárez y, cuando se reencontraron, la productora le adelantó que esperaba contar con ella en su siguiente proyecto. “Pues mira, afortunadamente tengo el beneficio, digamos, de la amistad o la consideración de parte de Lucero. En algún momento yo trabajé mucho con ella, pero yo estaba en otra telenovela y me la encontré y me dijo: ‘Espero tenerte en la próxima’. Y yo le dije: ‘Cuenta conmigo’”.
Ahora interpreta a La Chata, integrante de una familia de clase alta y esposa de Max, personaje de Eduardo Santamarina. La historia familiar incluye a sus hijos y una serie de conflictos que ponen a prueba la relación de la pareja. “Yo creo que, finalmente, cuando haces los personajes, les inyecta tu personalidad”.
Sin embargo, Buenfil marca distancia entre su vida y la de esta mujer, particularmente por las circunstancias en las que se desenvuelve. La Chata creció rodeada de privilegios y puede ser caprichosa, divertida, egoísta, chismosa y hasta problemática. “Hay cosas que se puedan parecer a mí, pero la mayoría no”.
Fuera del foro, una de sus mayores fuentes de satisfacción es Nicolás, su hijo.
La actriz habla de él con evidente orgullo y reconoce que, pese a ser más joven, en algunos aspectos tiene una personalidad mucho más formal que la suya. Mientras él suele llevar un ritmo más relajado, Buenfil conserva una energía que la lleva a bailar, ir a la playa y disfrutar sin preocuparse demasiado por lo que puedan pensar los demás. Para Buenfil, mantenerse vigente implica evolucionar. “A mí me gusta estar actual en formas de pensar, de ser, de ver la vida, dentro de la misma edad que tengo”.
Y su manera de explicarlo es muy sencilla: hacer limpieza y conservar únicamente aquello que todavía funciona. “Hay cosas que yo digo: ‘Eso ya no se usa, ya no está de moda’. Todo este tipo de cosas yo voy desechando, así como sacar la ropa vieja de un clóset o hacer limpieza de casa”, detalla.
En cambio Nicolás es más tranquilo, “es más de paz”, puntualiza. “Mi hijo es un adorado y es un gran muchacho. Pero hay momentos en los que él es más formal que yo. Yo siempre he sido una mujer que ha mantenido una personalidad un poco joven. Soy más ruidosa, ¡el confeti de la casa!”.
Sin embargo, Buenfil celebra que su hijo tenga un carácter sereno y una forma de disfrutar distinta a la de otros jóvenes. “Siempre ha sido muy buen niño, de toda la vida, muy enfocado”.