En 1995, Andrea Noli se despidió de los melodramas de Televisa con Acapulco, cuerpo y alma. Después, TV Azteca se convertiría en su hogar durante muchos años hasta que Juan Osorio la trajo de vuelta al lugar donde comenzó todo. Para la actriz, estar en Guardián de mi vida fue mucho más que regresar a un foro; fue reencontrarse con un género que conoce profundamente para hacerlo desde una mujer distinta, con más experiencia, más madurez y una vida que le ha dado nuevas herramientas para enfrentarse a su profesión.
“Estoy encantada, estoy muy contenta, muy entusiasmada, muy satisfecha con todo lo que hicimos. Siento que es un gran momento, porque quieras o no, gran parte de mi trayectoria ha sido en base a las novelas”, explica en entrevista con TVyNovelas.
Aunque durante los años que estuvo alejada de los melodramas también exploró otros caminos, entre ellos el cine, el teatro y las plataformas, volver a la televisión abierta tenía para ella un significado especial.
“Estos formatos nuevos que existen te exigen otra manera de expresar y de contar las historias”.
Por eso, regresar al melodrama representó también recuperar una forma de trabajo en la que se sentía especialmente cómoda. Pero si algo había cambiado en estos 30 años no era su cariño por las telenovelas, sino ella misma. “He vuelto a pagar esa deuda pendiente conmigo misma, pero ahora con la experiencia que yo he adquirido como actriz. También hablo de la madurez como mujer, la experiencia de vida, y esas son herramientas que me ayudan a enriquecer el trabajo”.
El paso del tiempo, lejos de representar una desventaja, se ha convertido en una herramienta para su profesión. Andrea siente que ahora tiene más posibilidades para llegar a las emociones de sus personajes: “Tengo mucho más lugares a los cuales acceder con mis emociones y más experiencia para darle a un personaje”.
Y esa experiencia resultó especialmente útil para construir a Inés, una mujer que había cometido errores, que cargaba con arrepentimientos y que intentaba recuperar aquello que había perdido en el remake de Amor en custodia que produjo Juan Osorio con Silvia Navarro y Daniel Arenas.
“Cómo es ese personaje, se trata de una mujer mayor, que ha pasado por muchas cosas en su vida, que ha cometido muchísimos errores, pues viene bien a la edad que tengo y poderle prestar muchas cosas”. Uno de los aspectos que más le interesaron a Andrea de Inés fue precisamente que no podía definirse de una manera sencilla.
“Lo que me gusta mucho y lo que me atrajo es que no la puedes catalogar como una villana o como un personaje bueno, sino que es muy humana”. Eso fue lo que permitió que la actriz encontrara diferentes matices en ella. “Tiene muchos sentimientos atorados en ella, como han sido el arrepentimiento por las decisiones erróneas que ha tenido, pero la necesidad de rescatar su vida, de rescatar a sus hijos, que ella misma dejó a un lado”. Y justamente cuando intentaba recuperar a sus hijos y recomponer su vida, volvía a equivocarse. “Es como una bola de nieve que se la va llevando y en la cual ella no puede escapar”.
Para Andrea, esa contradicción era precisamente lo que hacía atractivo el personaje. “Entonces eso se vuelve muy interesante para interpretar”. El regreso también le permitió encontrarse con actores jóvenes y con compañeros de una generación que ya conocía y admiraba.
“Siempre es una grata sorpresa encontrarte actores jóvenes nuevos con la disciplina, con el amor a la profesión, con el respeto que le tienen y con el talento que tienen”. Entre ellos estaban Diego Klein y Jessica Decote, quienes interpretaban a sus hijos. “Los veo con esta entrega y me llena de emoción”.
Y la presencia de Silvia Navarro terminó de hacer especial aquella experiencia. “Siempre estuvo a la cabeza de todo, no solo es una enorme actriz, dedicada, reconocida y demás, también es una gran amiga, es un ser humano valiosísimo, a la que yo quiero mucho, pues es el combo perfecto”.
Aunque Andrea se reencontró con un ritmo de trabajo que siempre había disfrutado, lo que sí percibió diferente fue la tecnología y la manera de construir visualmente las escenas. “Me sorprende lo avanzada que está la tecnología y que ya no te estás tropezando con miles de cables por todos lados”.
También ha cambiado el lenguaje de las cámaras y la forma de dirigir. Por eso, su regreso tuvo para ella una mezcla de sentimientos. “Es un regreso con melancolía, con nostalgia, pero a la vez disfrutando toda esta innovación”.
Andrea no ocultaba que llevaba tiempo deseando regresar a Televisa. “Probablemente yo tenía ganas de volver, tenía ganas de que se me volvieran a abrir las puertas”. La oportunidad de trabajar bajo la producción de Juan Osorio llegó acompañada de buenas expectativas, pero la experiencia terminó superándolas. “Había escuchado palabras muy lindas del señor Juan y de su manera de trabajar y de todo su equipo de producción y ha sobrepasado mis expectativas, sinceramente”.
Por eso, mientras avanzaban las grabaciones, Andrea hablaba sobre todo desde el agradecimiento. “Estoy tan agradecida por esta oportunidad, que ahora espero que siga habiendo muchas más”.
Ahora que Guardián de mi vida se acerca al final de sus transmisiones, el regreso de Andrea Noli puede verse con una perspectiva distinta. La experiencia no solamente le permitió volver a un género que había sido fundamental en su trayectoria; también le dio la posibilidad de interpretar a una mujer compleja utilizando algo que solo puede proporcionar el paso de los años: la experiencia.