La vida de Alejandra Barros no ha sido una casualidad; lleva 30 años de lucha que la han forjado como actriz, mujer y madre. En TVyNovelas el pódcast nos habló de los “no” que aprendió a resignificar, de la disciplina que sostiene su carrera y de ese amor que, asegura, puede durar toda la vida, aunque no siempre permanezca en la misma forma.
¿En qué momento te hizo justicia la revolución?
“Creo que todos tenemos lo que merecemos, construimos y cosechamos lo que sembramos. Me siento superagradecida. Estoy cumpliendo 30 años de carrera y, cuando veo hacia atrás, digo: “Todo ha valido la pena”. Puede ser que hubiera disfrutado más o que hubiera tenido menos inseguridades, pero todo me ha dado frutos.
¿Era esto lo que buscabas?
“Cien por ciento. Era esto, aunque no sabía lo que era. Ahora que lo veo, digo: “Claro, era justamente lo que me gustaba hacer y me sigue gustando”. Yo quería contar historias, pero no tenía ni idea de todo lo que implicaba.
¿Cómo fue tu proceso?
“Fue largo y complejo porque entré a una industria donde no conocía a nadie. La primera persona que me abrió las puertas fue Tina Galindo; ella me consiguió la primera cita con Jorge Eduardo Murguía, de ahí con Eugenio Cobo y empecé a audicionar. Fue un proceso de paciencia. Uno cree que, por haber estudiado en Estados Unidos, cuando llegas a México eres “un pedazo de actriz”, y no, no sabes nada. Tienes que empezar a trabajar y aprender.
¿Qué crees que vieron en ti?
“Las ganas y la seriedad con la que me tomaba todo. Llegué con Tina y le dije: “Quiero hacer teatro”, pero no pedí que me regalaran nada, sino audicionar y empezar de cero. Nunca llegué con la intención de que me dieran cosas por mérito de nada, porque yo no sabía nada. Creo que vieron mi determinación.
¿Hay papeles chicos para un actor?
“El papel chico no se refiere a la importancia en la historia, sino a tener un llamado o tener 120. Recuerdo mucho a Patricia Reyes Spíndola, que decía: “Papel chico, cheque grande, tú concéntrate”. A mí me gusta hacer personajes que me interesen y que me reten. Si tienen un capítulo o dos mil, eso ya es lo de menos. No es una carrera fácil: cada fin de proyecto es desempleo, no vacaciones.
¿Qué se necesita para ser una actriz como tú?
“No creo que tenga una fórmula. Ha sido mucho por intuición, hacer las cosas que a mí me gustaría ver y ser profesional hasta lo imposible. Si te sientes mal y tienes llamado, llegas y cumples. Para mí sería impensable salirme o no dar función porque me siento mal. La disciplina que nos enseñaron hace 30 años era cumplir, aunque dejes la vida en el escenario. Eso te hace confiable.
¿Cómo lidiaste con los “no”?
“Muchos, claro. Y los hay al día de hoy. Pero también es cuestión de actitud. El “no” ya lo tienes; busca el “sí”. Cuando íbamos a Televisa San Ángel a buscar productores y te decían: “Ya se cerró el casting”, yo respondía: “Ok, vengo mañana”. El “no” no lo debes tomar de manera literal; hay que darle otro significado: hoy no, vamos a ver mañana.
¿Cómo fue tu infancia?
“Tuve una infancia muy bonita en muchos sentidos y también complicada porque mis papás se divorciaron cuando yo tenía tres años. En esa época los padres no se divorciaban; éramos bichos raros los hijos de papás divorciados. Eso te vuelve un poquito más sensible. Pero a los ocho años me fui a vivir a Cancún y tuve una infancia en la playa, en la selva, con tucanes, changos e iguanas. Con todos los problemas familiares, viví una vida increíble.
¿Crees en el amor para toda la vida?
“Sí, creo que el amor para toda la vida existe. Pero las relaciones humanas son complejas. Tienes que hacer un plan de equipo y de trabajo para lograr que una relación dure. El amor puede continuar aun cuando ya no estés en la relación con esa persona.
Has tenido un divorcio y te volviste a casar. ¿Sirve el entrenamiento?
“Más que entrenamiento, maduras. Aprendes a poner límites de otra forma, a buscar qué sí quieres y a entender lo que no quieres. Al principio, cuando me casé muy chavita, era la idea romántica del matrimonio. Esta segunda vez lo hice con la conciencia de querer hacer equipo con mi pareja y saber qué tipo de pareja quería tener cerca de mí.
¿Cómo equilibras la carrera con la vida personal?
“No es fácil, pero sí se puede. Siendo mamá te conviertes en todóloga: enfermera, psicóloga, cocinera, chofer. Aparte tienes una carrera y una vida profesional.
Has hablado de salud mental. ¿Por qué cuesta pedir ayuda?
“Porque existe el “yo puedo sola”. Creo que mucha gente le tiene miedo a sentirse vulnerable o débil. Si reconoces que necesitas ayuda, no solo en salud mental, sino en muchos temas, puedes empezar a resolver. A mí sí me gusta pedir ayuda, decir que no entendí y pedir que me expliquen. La salud mental es muy seria y muy delicada. Lo primero es atenderse.
¿En qué momento estás de tu vida?
“En un momento en el que pensé que, superada la adolescencia, las incongruencias químicas y psicológicas ya se habían acabado, y no. Te rige mucho el tema de la menopausia, no solo a nivel físico, también emocional. Siento que estoy en una etapa de echarle más ganas al ejercicio, a socializar, a ser más paciente y a estar más contenta conmigo misma. Ahora siento que tengo menos tiempo y quiero aprovecharlo mejor.
¿Qué te llamó la atención de Mi rival?
“Me habló Carmen Armendáriz y, cuando Carmen me habla, sé que es por algo increíble. Llegué a su oficina, me contó un poco y me dijo: “Este es el triángulo y quiero que hagas este personaje”. La confianza que tengo en Carmen es enorme; es una mujer que se la sabe de todas, todas.
¿Qué se siente ser Alejandra Barros?
“A veces siento que me pasa el síndrome del impostor. Pero cuando medio me hago la idea de todo lo que he hecho, digo: “Wow, ¡gracias!”. Me siento profundamente agradecida.
Hoy, a la distancia, ¿quién es Alejandra Barros?
La hija de Manuel Barros y de Pilar del Campo. Una actriz que ha intentado hacer lo mejor que ha podido: interpretar, contar historias y ser feliz, básicamente.