Nos mostró en exclusiva la suite que la intérprete tenía en su clínica
En su consultorio en Tijuana, Baja California, platicamos con Carlos Buenrostro, médico cirujano y confidente de Jenni Rivera, quien nos compartió detalles que vivió junto a la famosa cantante (q.e.p.d.) y relata cuándo
y por qué fue la única vez que le gritó.

¿Cómo llegó La Diva de la Banda a su clínica?
Fue hace muchos años como paciente, estaba muy gordita, nadie la ha visto así. Las fotos que le tomé al principio me las quitó, se las llevó. Siempre
andaba apurada con sus niños en carriola y me contó que trabajaba de secretaria en la disquera de su papá.
¿Qué procedimientos le realizó?
Antes que nada, quiero decir que en vida Jenni me permitió hablar de lo que se hacía, y ella misma lo dijo en todas partes; además, cuento con la anuencia moral de la familia. Tuvo cáncer y se lo quitamos. Le reparamos la pared abdominal porque estaban flojos los músculos; realizamos una lipectomía y le pusimos una malla, quedó bien apretada. Los primeros días se quejaba mucho, no tanto por dolor, sino porque no se podía mover mucho ni respirar bien. Me decía con todo y su molestia: ?No voy a poder cantar, ahora me voy a tener que dedicar a la prostitución?.

¿Jenni era rebelde con usted?
Sí, chocaba con el anestesiólogo, con nosotros, no era nada dócil, pero pasaban dos días y no se quería levantar, me preocupé porque se estaba apachurrando y tenía que levantarse y caminar. La quise mucho, pero primero está lo profesional y es la única vez que le hablé fuerte.
¿Ha soñado con ella?
Siento que está aquí todavía, que de repente la voy a ver, aunque claro que tengo conciencia de que no está aquí. Realmente la siento de corazón, ella sigue estando presente en cada una de las personas, está al pendiente de mí, me apoya, me cuida y se presenta en diferentes formas y personas, estoy seguro de que eso sucede; como ser humano jamás voy a tratar de entender todo ni le voy a poner nombre.

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