Con más de 30 años de trayectoria, la actriz Daniela Luján, cuyo rostro es inconfundible para varias generaciones, atraviesa uno de los momentos más dulces de su carrera y su vida personal. Recién casada con el actor y dramaturgo mexicano Mario Alberto Monroy, asegura que el apoyo de su esposo ha sido clave para seguir adelante con su trabajo.
En entrevista con TVyNovelas, la también protagonista del exitoso spin-off ¿Tú crees?, producción de Pedro Ortiz de Pinedo, confiesa sin filtros cómo vive su presente, el cariño del público y la huella que ha dejado en ella su personaje Gaby, de Una familia de diez.
Sobre la evolución de Gaby y el salto al programa de comedia ¿Tú crees?, Daniela no oculta su emoción: “Me siento muy contenta de poder tener el spin-off de Plutarco y Gaby, es algo que como actores siempre soñamos y se nos cumplió. A Ricardo Margaleff y a mí nos sacaron de esa burbujita que era Una familia de diez y empezamos ¿Tú crees?, que es un proyecto increíble, ya son cinco años de contar esta historia, de que los personajes se encuentren con nuevos problemas y que tengan nuevas metas”.
La actriz reconoce que su carrera dio un giro inesperado gracias a la familia López. “Siento que antes de Una familia de diez no hubiera nunca pensado en hacer comedia, pero he aprendido mucho en estos años y creo que es un género en el que me siento muy cómoda”, afirma.
Y aunque bromea sobre el riesgo de las críticas en redes sociales —“pues no me ha ido tan gacho en eso”—, prefiere enfocarse en el afecto del público: “Estoy feliz porque han sido treinta y tantos años de trabajar y de poner como prioridad en mi vida, mi trabajo. Me gusta mucho trabajar, todos los proyectos que me caigan, que si es una serie de comedia, una novela para recordar mis años de infancia, que si tengo que treparme ahora al escenario para una obra de teatro... todos los proyectos que me inviten a jugar, yo los hago, siempre con la ambición secreta de entretener a la gente”, expresa.
Sobre si siente que su icónico personaje de Una familia de diez la ha limitado, responde con una madurez que refleja sus años de oficio: “Puede ser que sí y lo agradezco mucho; hay muchas personas que mi cara les recuerda a Gaby y eso está padre; y hay otras personas que les recuerda a El diario de Daniela y otras a Luz Clarita. Yo, honestamente, soy todas y respondo a todos los nombres.
“Soy muy feliz de que la gente me recuerde y de que me tengan en su mente; y si me encasillan en este personaje, por mí está padrísimo, porque tengo la fortuna de que la gente me recuerde”, agrega.
Lejos de los mitos, la actriz asegura que el matrimonio con Mario Alberto Monroy —también actor— no ha complicado su rutina, sino que la ha fortalecido. “Igual que antes. Ahí vamos, mi esposo y yo somos un equipo y entre los dos nos vamos apoyando y cuidando, tanto en cuestión de energías, si estamos muy cansados o si yo llegué muerta, pues él saca a pasear a las perritas, o si él está muerto, yo las saco, y si los dos por fin logramos llegar a la misma hora, organizamos qué hacer”, explica.
La actriz confiesa que ella antes pensaba que “uno no caga donde come”, pero la vida le dio una lección: “Luego conocí a Mario, que también es actor, y pues ahí acabé. Bien dicen: ‘No digas de esa agua no beberé porque te ahogas’. Sin embargo, creo que esa es una gran ventaja porque nos entendemos bien, en nuestros horarios, sobre lo que se necesita en el trabajo, platicamos perfecto de los procesos creativos y creo que eso es lo que más me gusta de mi relación y lo que hace que funcione”, concluye.