Julio César Chávez tocó fondo y logró recuperar su vida: “Ya no estoy peleado conmigo mismo”

Su esposa, Myriam Escobar, tomó decisiones drásticas para ayudar al campeón durante los años más difíciles.

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Julio César Chávez

Edson Vázquez

Hace casi dos décadas, Julio César Chávez vivió un infierno. El alcohol y las drogas lo llevaron a tocar fondo, pusieron en riesgo su vida y terminaron afectando a su familia. Hoy, cerca de cumplir 18 años sin consumir, el campeón mundial puede cantar victoria por una pelea que no se disputó frente a miles de personas, sino contra él mismo. “Esa ha sido la pelea más difícil que tuve en mi vida. Porque si el Chávez malo hubiera ganado, pues no estaría ahorita contigo platicando y me hubiera muerto”.

En Chávez vs. Chávez, la serie documental de N+ Docs dirigida por Diego Enrique Osorno y disponible completa en ViX, el monarca cuenta su historia sin esconder la parte más dolorosa de su vida. El relato recorre el camino que comenzó con un sueño, alcanzó la gloria, se perdió entre excesos y terminó encontrando una salida a través de la recuperación.

Desde muy joven supo que quería ser campeón del mundo. Para conseguirlo dejó a su familia y se fue a Tijuana, donde tuvo que aprender a vivir lejos de su madre y sus hermanos. Fueron años de trabajo y disciplina que finalmente dieron resultado.

“Valió la pena el sacrificio, el esfuerzo, la dedicación, la perseverancia... Porque mi sueño era ser campeón del mundo y sacar adelante a mi familia, y gracias a Dios lo logré”.

Llegaron los títulos, el dinero, la fama y el reconocimiento. Pero después de alcanzar la cima apareció un vacío que no supo cómo manejar. El éxito que había perseguido durante años no le dio la tranquilidad que esperaba, y comenzó una etapa que terminaría llevándolo a la destrucción. “Muchos años seguí ganando peleas con mi adicción, pero los golpes ya me lastimaban”.

Mientras continuaba ganando sobre el cuadrilátero, fuera de él perdía el control. La enfermedad modificó su carácter y su manera de relacionarse con las personas que estaban a su alrededor. “Me volví una persona egoísta… grosera; o sea, la droga cambia a todo mundo”. Chávez reconoce que lastimó a sus hijos, a la madre de sus hijos, a su propia madre, a sus hermanos y a personas cercanas. Sin embargo, hubo una consecuencia que le dolió más que cualquier derrota: “Pero lo más feo fue perder a la familia”.

La caída fue larga. Hubo hospitales, desesperación y momentos en los que no sabía si conseguiría salir vivo de aquella etapa.

“Fueron años de mucho sufrimiento… de no saber si me levantaba vivo… porque todos los días drogándome”. También hubo un momento en el que entendió que ya no podía salir solo. Myriam Escobar, su esposa, tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: internarlo. No fue una sola vez; fueron cuatro. “Me animé a estarlo internando… fueron cuatro ocasiones… gracias a Dios, a la última fue la que funcionó… Le perdí el miedo”.

Myriam cuenta que Julio llegó a odiarla a ella y a su hijo Julio porque fueron quienes tomaron aquella decisión. Sin embargo, para ella no se trataba de castigarlo, sino de salvarlo. Desde entonces ha defendido una idea que considera fundamental para comprender lo que ocurrió: “Yo siempre he pensado que el alcoholismo y la drogadicción son una enfermedad. A lo mejor con el cáncer tú ves que la familia está ahí, pero con esta enfermedad muchas veces la familia se aleja porque es muy difícil”.

La última internación funcionó y comenzó un proceso que todavía continúa. Chávez no habla de la recuperación como una batalla terminada, sino como una responsabilidad diaria: “Voy para 18 años limpio, sin alcohol y sin drogas”.

Para Myriam, el cambio también significó recuperar al hombre que conocía detrás del campeón. Después de casi 30 años juntos, reconoce que incluso ella descubrió aspectos de su historia al ver el documental.

“Estoy segura de que a los fanáticos de Julio les va a encantar porque se ve el ser humano… ya no es el gran boxeador… pero ahora es el ser humano”.

Ese hombre, explica, es sensible, sentimental y tiene dificultad para decir que no. Fuera del ring lo describe como alguien de enorme corazón, una personalidad muy distinta a la del peleador que durante años infundió miedo a sus rivales. “¿Cómo tú te subías a un ring… y eres tan llorón?”, expresa.

Myriam asegura que durante los años posteriores a la caída pudo ver otra versión de Julio: disciplinado, dedicado a su trabajo y decidido a ayudar a quienes atravesaban el mismo problema. “Contarlo para que sirva para esas personas, que puedan salir; eso le ayuda a él para liberarse y ayuda a muchas personas”.

Esa es una de las razones por las que Chávez decidió abrir las puertas de su pasado. Ya no se trata únicamente de recordar lo que perdió, sino de utilizar esa experiencia para que alguien más pueda encontrar una salida. “Cuando tú das el primer paso y aceptas que tienes un problema… que necesitas un programa de recuperación, ya chingaste”.

El césar del boxeo lleva esa filosofía a su trabajo con personas que enfrentan adicciones y asegura que muchos han conseguido recuperarse. “Mucha gente se ha aliviado, mucha gente ha salido de ese hoyo gracias a este pend… que está aquí contigo hablando”.

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Julio César Chávez

Edson Vázquez

Pero contar esta historia también significó regresar a momentos que prefería no recordar. Chávez reconoce que Diego Enrique Osorno le mostró imágenes y situaciones que incluso él había olvidado, y que algunas de esas escenas lo hicieron sentirse vulnerable. “Ese es el capítulo donde realmente yo me siento vulnerable”. Durante mucho tiempo estuvo peleado consigo mismo. Hoy asegura que esa guerra terminó: “Ya no estoy peleado conmigo mismo”.

La recuperación también modificó la manera en que quiere ser recordado. Chávez sabe que nadie puede quitarle sus títulos, sus grandes victorias ni las peleas que lo convirtieron en una leyenda, pero tampoco quiere que los años de consumo sean la última palabra sobre su vida. “¿De qué me hubiera servido ser el mejor peleador mexicano de todos los tiempos si la gente me hubiera recordado como ese pin… drogadicto?”.

Por eso pone el legado en otro sitio: “Nadie me va a quitar mi lugar del gran campeón mexicano. Nadie me va a quitar las peleas memorables”. Y añade: “La gente me va a recordar… por haber salido de ese infierno, por haberme recuperado y por haber ayudado a tanta gente que tiene el problema que yo tuve. Ese va a ser mi mejor legado”.

Chávez asegura que la recuperación le permitió darle un nuevo sentido a aquello que alguna vez consideró una desgracia.

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