Lucía Méndez ya no quiere ‘el bultito de los hombres’

Lucía Méndez ya no quiere 'el bultito de los hombres'

Se confesó en la obra Un encuentro inesperado.

Reaparecer en teatro después de 18 años de ausencia representa tan especial experiencia para Lucía Méndez, que sacrificó vacaciones de Fin de Año para ofrecer funciones de Un encuentro inesperado, obra que desde el 12 de diciembre representa acompañada de Mauricio Herrera en el Teatro Renacimiento de la Ciudad de México.

La soledad es el tema central del montaje dirigido por el comediante Manuel González Gil. Narra la historia de un psiquiatra (Nicole) y su paciente (Lidia Salinas), quienes juntos reconstruyen su vida y recuerdos, y no fácilmente se brindan la oportunidad de volver a amar.

¿Qué tal tu regreso a los escenarios?

Muy bueno. Me siento bien dirigida y, además, estoy entregada a la obra. El papel de Lidia es un buen reto porque va de la comedia al drama, y para eso se requiere versatilidad. Tenía mucho tiempo de no trabajar en teatro, pero he cantado e interpretado todo tipo de personajes en televisión.

¿Y la experiencia de trabajar con el señor Mauricio Herrera?

¡Padrísima! Es una persona que siempre está bromeando. Claro, hay veces que me encanta que lo haga, pero en otras le digo: ?¡Ay, ya!?. Hay momentos en que cansa, y se lo digo en su cara. Fuera de eso, hemos hecho un clic maravilloso que nos permite darle el timing necesario al desarrollo de la historia.

¿Temes a la soledad?

No; al contrario, la disfruto. Sé estar sola y me gusta. Antes debía siempre tener novio y, a los ocho días, otro diferente; luego marido, novio... Pero me llegó la madurez, la paz de Cristo, y eso no lo cambio por nada. Ahora soy feliz estando en casa, oyendo música clásica como me acostumbró mi padre, acompañada de mi perra y leyendo un buen libro o viendo una película de terror.

Alguien con tal capacidad de amar, como lo eres tú, ¿qué hace para abstenerse de hacerlo?

Efectivamente, soy muy pasional, pero tengo ocho años leyendo la palabra de Cristo y mi fe en él es enorme. Si tú tienes ese mundo espiritual lleno, todo es una paz y una calma que hasta el sexo se te olvida. El día que llegue alguien, es porque Dios me lo puso en el camino. No voy a negar que me siento feliz de haber tenido las parejas que tuve, con sus errores y defectos. Si metí la pata o no, siempre fui feliz. No es por nada, pero hoy conozco hombres de mundo, salgo con ellos y me encantan, pero quiero que Cristo me indique quién es el bueno, yo no lo quiero escoger. El día que tenga un amor será porque él realmente quiere estar conmigo. Pero si son celosos y posesivos, definitivamente no quiero.

¿En el fondo no hay ningún temor al amor?

No. A lo que le temo es a escoger mal, a no saber estar sola y entonces decir: ?¡Ay, vente! Te quiero mi amor, el bultito...?. ¡No, ya no quiero el bultito! Quiero una persona que realmente quiera estar conmigo. Deber ser civilizada y no tener complejos, que me deje ser y posea una gran personalidad. ¡Ah! Y claro, que tenga sentido del humor; si alguien te hace reír, te enamoras.

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