Josh Gutiérrez atraviesa una etapa de grandes emociones. En el terreno profesional, disfruta la oportunidad de interpretar a Arsenio en Infinito amor, un personaje que lo lleva a explorar una maldad distinta a la de otros villanos que ha encarnado, mientras que en lo personal se prepara para convertirse en padre, una experiencia que le ha despertado inquietudes, responsabilidades y la conciencia de que, por más que uno se prepare, hay situaciones que no se pueden controlar.
“Me siento muy feliz, muy bendecido y muy malo. Este personaje tiene otro tipo de maldad. Es un malo que ya está cableado así; su maldad viene desde el nacimiento. Al nacer, su madre muere y, a lo largo de su vida, vive muchas experiencias que lo llevan a hacer cosas tremendas. Creo que su pasado es lo que realmente lo atormenta el resto de su vida”.
Como parte de la historia, Josh ha tenido acercamiento al tema del autismo a través de la situación que vive el abordar esta realidad en televisión representa un compromiso importante, sobre todo, porque reconoce que interpretar una situación no es lo mismo que vivirla directamente.
“Creo que los lugares que tenemos, como el instituto (CRIT) dentro de la historia, son muy importantes. Estamos tocando un tema que hoy afecta a muchas familias, o más bien, que muchas familias están viviendo. Yo jamás había enfrentado directamente una situación con un niño con autismo. Tenerlo como hijo en la ficción te abre los ojos a otra realidad. Además, me voy a convertir en papá en unos días. Conforme se acerca la fechas, pienso que hay que estar preparados para lo que sea”.
La llegada de su hijo ha despertado en Josh muchas preguntas sobre cómo prepararse para lo que viene. Desde la alimentación y el cuidado de su pareja durante el embarazo hasta tener todo listo para recibir al bebé, el actor reconoce que la paternidad implica aprender constantemente.
“Creo que cualquier persona que está por convertirse en padre tiene muchos miedos. Lo digo yo, que he tenido miles de miedos, desde la alimentación y el cuidado de mamá para que el bebé se forme bien, hasta tener todo listo para cuando llegue. Pero, en realidad, hay cosas que no están en tus manos”.
Su propia experiencia familiar también influye en la manera en que reflexiona sobre este proceso. “Yo he sido hijo y tuve 11 hermanos. Para mí, es entender que puedes dar lo mejor e intentar hacer las cosas de la mejor manera, pero no todos resultan igual, no todos tienen las mismas capacidades ni las mismas oportunidades”. Por eso, considera que prepararse es una manera de afrontar la incertidumbre, aunque no todas las herramientas que uno aprende terminen siendo necesarias. “Es mejor estar preparado para algo que no terminas usando que tener que actualizarte rapidísimo porque no te preparaste y después resolver conforme avanza el tiempo”.
El actor también reconoce que el miedo a que algo suceda no desaparece fácilmente cuando uno se convierte en padre. Más que una preocupación pasajera, lo percibe como una responsabilidad permanente.
“Me han dicho que, una vez que te haces papá, el miedo no se va nunca. Creo que es algo que empieza a sembrarse en mí y, más que miedo, es esa tensión de estar siempre prevenido por cualquier cosa, de que no vaya a surgir algo que no pueda reparar a tiempo o para lo que no pueda estar ahí y prevenir una situación”. Para prepararse, él y su pareja ya comenzaron las clases con una doula, donde reciben orientación sobre los cuidados del bebé, el nacimiento y la elección del equipo médico que los acompañará.
“De hecho, ya empezamos las clases con la doula. Te van enseñando desde cómo cuidar al bebé mientras está en la pancita hasta cómo hacerlo cuando nazca. También te orientan sobre cómo escoger a tu equipo médico: el ginecólogo que llevará el parto, el pediatra que cuidará la salud del bebé y todos esos cuidados”.