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Julio Mannino pagó caro su deseo de ser actor: lágrimas y tirante relación con sus padres

El actor confiesa amar tanto a México como a Italia, el país de su papá.

Por Otto Rojas

- 20/05/2022 06:00
Julio Mannino

Julio Mannino

A los 19 años, la vida le cambió radicalmente a Julio Mannino. De ser un hijo al que no le faltaba nada, incluso gozaba de lujos y comodidades, tuvo que subsistir sin dinero y sin el apoyo de sus padres, sólo por querer cumplir su anhelo de ser actor. Su papá, Giulio Mannino, lo corrió de su casa en Toluca, y él se mudó a la CDMX para estudiar en el Centro de Educación Artística (CEA) de Televisa sin un peso encima. “Dormí en el suelo, y a veces no tenía ni para comer”, recuerda llorando. Pasó cinco años peleado con sus padres; ahora, con una trayectoria de dos décadas en el mundo de las telenovelas, está feliz porque concretó sus sueños sin importar dejar todo lo que tenía. Y aunque su papá aún no le demuestra estar orgulloso de él, sabe que hasta ve sus telenovelas.

En Amor dividido estás recordando el tema de la migración que viviste con tu familia en la vida real… Así es. Mi papá es inmigrante italiano; se vino a los 20 años de su natal Italia a un país que no conocía, a una región en donde no se habla su misma lengua, donde no tenía familia. Es lo que pasa en Amor dividido, y eso me pone chinita la piel porque es la historia de mi padre.

Pero tienes muy arraigada la cultura italiana, ¿cómo se vive queriendo dos países a la vez? Es difícil, porque a veces tienes que poner la balanza. Amo mi país, amo ser mexicano, aunque tengo esa otra parte que es la historia de mi padre y su cultura. Desde chiquito me enseñaron a comer pasta, a hablar italiano, a viajar a Italia; eso lo tengo muy cercano a mí. Los mexicanos e italianos tenemos muchas cosas parecidas; lo percibo cuando voy a Italia y me quedo cuatro meses, siento que es una forma de vivir muy similar.

¿Qué tan difícil fue tu crianza siendo tu papá migrante? Muy difícil. Mi papá se vino a México sin familia, sin conocer a nadie y tuvo que comenzar desde cero. Mi mamá es mexicana y lo conoció en una fiesta en Toluca, de donde es ella; se enamoraron a primera vista. Mi papá le pidió matrimonio y mis abuelos se opusieron porque mi madre no era italiana. Él le hizo la promesa de irse a Italia, recoger sus cosas, arreglar sus papeles y en un mes regresar a casarse con ella.

¿Y así lo hizo? Regresó, pero no al mes, sino a los cuatro o cinco meses; se casaron y se fueron a vivir a Nueva York en calidad de inmigrantes. Cuando mi mamá estaba embarazada, mi abuelo murió y ella regresó a México, por eso yo nací aquí. Después ella se regresó a Estados Unidos y a mí me dejó con mi abuela, quien me crió los primeros dos años de mi vida, y eso me marcó para bien y para mal: yo no fui amamantado por mi madre. Eso me ayudó mucho porque soy muy independiente, nunca estuve a las faldas de mi madre o de una mujer. Gracias a eso fui fuerte cuando, a los 19 años, le dije a mi papá que quería ser actor. Me respondió que si lo hacía, me tenía que ir de la casa, y me fui.

¿Qué fue lo más difícil de eso? Cuando me mudé de Toluca a la Ciudad de México dejé todas las comodidades, tenía que subsistir como podía. Mi papá me dijo: “Si quieres ser actor, te me vas y me dejas todo: carros, joyas... ¡todo!”. Agarré una bolsa, metí dos pantalones, tres calzones, dos playeras y me fui.

¿Cómo saliste adelante? Llegué a vivir en un cuarto de servicio donde mi refrigerador era una cubeta de agua donde la leche y el jamón se me echaban a perder; dormía en una colchoneta, casi en el piso... A veces no tenía para comer, ¡fue horrible! Estaba acostumbrado a comodidades, a mí no me faltaba nada... Fue difícil, pero si me volviera a pasar en otra vida, volvería a pasar lo mismo.

¿De qué vivías? Estudiaba en la escuela de Televisa y tuve la fortuna de que me becaron después del primer semestre. En el segundo año me daban un poco de dinero y con eso me ayudaba.

Cuando tuviste tu primer trabajo en la actuación, ¿qué te dijo tu papá? Pasé cinco años sin hablar con ellos, y eso, por supuesto, me afectó. Lleno de carencias materiales y de afecto, me pegaba mucho; era un chavo rebelde, orgulloso, con el cordón umbilical cortado desde que nací; emocionalmente estaba muy afectado. Ahora lo hablo porque está superado.

¿Cómo te sientes en este punto de tu vida profesional y personal? Feliz, porque he hecho lo que he querido: trabajo cuando me gusta algún personaje y no por estar en pantalla; no trabajo por necesidad, sino porque me gusta el proyecto y me encanta volcar toda mi pasión en él.

Y años después, ¿tu papá ve las telenovelas en que participas? Cuando hice Niña amada mía no se la perdía, la veía a escondidas, pero no me decía nada. Un día me llamó para que fuera a uno de sus restaurantes a tomarme una foto con sus clientes y trabajadores, porque era un boom la novela. No me lo dice, pero creo que está orgulloso del hijo que forjó.

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