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Pobreza, sangre y drogas: 12 rounds que marcaron la vida de Julio César Chávez

En realidad su sueño era ser futbolista o beisbolista.

Por Alejandro Salazar Hernández

- 12/07/2022 12:15
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Es el mejor boxeador mexicano de todos los tiempos. Punto. Su pegada demoledora y resistencia a los golpes le permitieron conquistar la gloria en los cuadriláteros. Este martes 12 de julio, Julio César Chávez cumple 60 años, los últimos 42 paladeando y sufriendo al mismo tiempo sus conquistas como púgil profesional de 1980 a 2005, al obtener títulos mundiales en las divisiones Superpluma, Ligero y Superligero.

“La manera como la afición me sigue queriendo no la cambio por nada; todos reconocen lo que logré a base en sacrificio, esfuerzo, dedicación, constancia y disciplina, luchando también contra las adicciones. Si me hubiera cuidado, habría llegado a 100 peleas invicto, y sería no sólo el mejor boxeador de México, sino de la historia”.

A manera de pelea de campeonato del mundo, te presentamos 12 rounds que forjaron su temple para alcanzar la categoría de leyenda.

La pobreza, su primer enemigo

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Nacido el 12 de julio de 1962 en Ciudad Obregón, Sonora, a los cuatro años migró con su familia a Culiacán, Sinaloa, luego de que su padre, el maquinista Rodolfo Chávez Lizárraga, fue reasignado a esa entidad tras una huelga ferroviaria. También con su madre, Ana Isabel González, y los primeros tres hermanos de los 11 que tuvo, vivió dos años en un vagón de ferrocarril, durmiendo en el suelo y pasando, incluso, algunos días sin comer.

Peleó contra la adversidad

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“No nos moríamos de hambre, pero sí había muchas necesidades y apremios. Mi mamá lavaba y planchaba ajeno; todos teníamos que trabajar para comer frijoles con arroz, que hasta ahora son mis favoritos”, ha recordado. Durante algún tiempo laboró como vendedor de un periódico regional.

Los golpes lo curtieron

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Sus hermanos mayores, Rodolfo y Rafael, eran boxeadores, y le pagaron un centavo para ponerse los guantes y pelear con niños de su edad, “¡Y a veces me daban unas chi…! Pero, al darme cuenta de que mis hermanos ganaban su buen dinerito, empecé a soñar con un campeonato del mundo para ayudar a mi mamá y construirle su casa”.

Abandonó sus sueños

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"Sinceramente, a mí el boxeo no me gustaba, porque mis hermanos siempre llegaban golpeados, hinchados… y decía: “¡Yo no quiero ser boxeador, quiero ser futbolista o beisbolista! Era un morro con muchos sueños por cumplir, pero estudiando la secundaria llegaban chavos de todas las colonias a aventarse un tiro conmigo; me llegué a pelear hasta con tres cab… y me los chi… a todos” (risas).

Boxear le costó sangre sudor y lágrimas

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Su hermano Rodolfo lo inició como aficionado, a los 16, en Culiacán, sin el consentimiento de sus padres. “Sabíamos que no iban a aceptar; es que yo no era tan malo para la escuela, tenía promedio de 8; mi mamá quería que yo estudiara. Además, ya no quería sufrir, con mis dos hermanos boxeadores tenía. Le rogué llorando, hasta que la convencí de dejarme participar en 10 peleas. ‘Si pierdo una, sigo estudiando’, pero gané todas. Me fui a radicar a Tijuana, y con lo que gané, le construí su casa antes de ser campeón del mundo”.

El amor lo puso contra las cuerdas

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Paralelamente al inicio de su carrera, conoció en Culiacán a una joven que, encantada con él, renunció a su sueño de ser azafata: Amalia Carrasco, con quien se casó en julio de 1984, y procreó tres hijos: Julio César (1986), Omar (1990) y Christian (1994). Al nacer este último, ella ya no soportó las adicciones e infidelidades del campeón. Su matrimonio se volvió un infierno luego de que ella lo acusó de violencia doméstica, aunque luego desistió para terminar la relación de la mejor manera.

Su amuleto millonario

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La cinta roja que lucía en la cabeza previo a sus peleas fue, presuntamente, para combatir una brujería. Se la propuso un allegado del promotor Don King, previo a su enfrentamiento con Edwin Rosario por el título de Peso Ligero, el 21 de noviembre de 1987, en Las Vegas, Nevada. Según especulaciones, la madre del pugilista puertorriqueño había colocado una foto del sonorense en una cubeta de hielo para inhabilitarlo durante la contienda. “¡Y se volvió mi amuleto, parte de mi indumentaria, algo con lo que, después, no podía subir al ring sin él. A partir de entonces, varios patrocinadores me pagaban medio millón de dólares por ponérmela”.

Meldrick Taylor lo hizo temer por su vida

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El púgil estadounidense fue con quien más batalló, el 17 de marzo de 1990 en Las Vegas, Nevada. “¡Incluso sentí que podía morir!”, dijo en entrevista para TUDN respecto a la que se convirtió en una de las victorias más emblemáticas de su carrera, al noquear a Taylor en los últimos segundos del último round. “Ese momento marcó mi carrera, porque fue la pelea más difícil ante el peleador más grande, más rápido y más fuerte con el que me enfrenté. Es la única pelea en la que sentí la muerte de cerca, horrible; sufrí demasiado, sobre todo por el desgaste físico que conllevó. Quería que sonara la campana, porque sentía que me iba a desmayar... quería vomitar, Si hubiera vomitado, no estaría con ustedes, hubiera sufrido un derrame cerebral y no la hubiera contado”.

Las drogas casi le orillan a tirar la toalla

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El 12 de septiembre de 1992, luego de retener el título de Peso Superligero ante Héctor “Macho” Camacho, marcó su entrada al mundo de las drogas, al probar la cocaína. “Tenía más de 20 millones de dólares en el banco, mansiones, yates… Estaba rodeado de muchísima gente, pero me sentía solo. La droga me convirtió en un diablo, y le falté al respeto a mi esposa, a mis hijos y a mi madre. Me convirtió en un ser despreciable, y estuve a punto de suicidarme, de matar a mi hermano y a la gente que me visitaba. Tomaba mi avión privado y me iba a Europa; fui también bien pirujo, porque muchas famosas me buscaron (entre otras, tuvo romance con Salma Hayek). Estuve a punto incluso de morirme varias veces por sobredosis”.

Relevo de amor sin límite de tiempo

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En el ámbito del boxeo encontró a su segunda esposa: Myriam Escobar. Ella estaba casada con el ex púgil Jesús “Bebé” Gallardo, su compadre y sparring, quien fue asesinado en extrañas circunstancias el 8 de abril de 1995 en Toluca, Estado de México. En su afán de consolarla, terminó por enamorarse de ella, en el 2000 procrearon a Nicole, su única hija, y en 2015 se casaron. Ella logró, en definitiva, alejarlo de las adicciones.

Varios golpes lo doblaron pero no lo quebraron

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“No me gusta recordar cosas tristes, como la muerte de mis hermanos Omar y Rafael (junio de 2017), ni la de mi papá”. Él, por cierto, sólo asistió a una de las peleas de Julio; fue contra Meldrick Taylor. “No aguantó, se salió de la arena en Las Vegas, en el round 8, y a partir de ahí le dio diabetes. ¡Eso me pega y me duele! Soy bien llorón. Le puse Omar a mi segundo hijo en honor a mi hermano que murió atropellado cuando tenía cuatro años”.

Reto en puerta

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Además de contar con una docena de clínicas especializadas en adicciones, tiene una línea de ropa en colaboración con Rey Misterio, una marca de vitamina C que él mismo consume, y pronto lanzará una línea de medicamentos para combatir la disfunción erectil. “Este año cumplo 12 de sobriedad, sin alcohol ni drogas. Me ha costado mucho trabajo, pero al dejarlas mi vida dio un giro de 180 grados. Me siento tranquilo conmigo mismo. Gracias a Dios, todas las pen… y estupideces que cometí durante mi adicción ya las he pagado con creces”.

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