<![CDATA[Llanto de tortuga que sufrió por un popote causa indignación en redes]]> <![CDATA[Llanto de tortuga que sufrió por un popote causa indignación en redes]]> tvynovelas_us_trending_18_06_07_la-tortuga-que-lloro-por-culpa-de-un-tatuaje-video Todos En las angustiosas imágenes donde se apreciaba a una tortuga mientras sangraba, estornudaba y se resistía. En un principio pensaban que era un gusano, un parásito o tal vez un gancho de pesca, pero de pronto se percataron que estaba en lo más profundo de su nariz y le hacía tanto daño que eran 10 centímetros de plástico... un popote.

En el video difundido en el 2015, dieron la vuelta por todo el mundo, han impulsado “como gasolina al fuego” la lucha contra el consumo innecesario de plástico, según señala la autora Christine Figure, una bióloga marina que en ese momento realizaba su investigación doctoral en Costa Rica, y habló en entrevista con El UNIVERSAL sobre el gran impacto que repercutió.


“Cuando hallamos a la tortuga no podíamos creerlo, porque muchas veces encontrábamos plástico en nuestras expediciones, pero no habíamos visto un caso así. Después, no dejaba de pensar que era necesario mostrar lo que había pasado, porque si no, nadie iba a creerme”, mencionó la bióloga. 

Christine es una experta de la Universidad de A&M de Texas, y sus colegas estaban recolectando datos sobre el ciclo reproductivo de las tortugas marinas, cuando notaron algo extraño en un macho que estaban analizando. 

El video se volvió viral en menos de 48 horas y hoy en día tiene más de 25 millones de reproducciones, se pueden ver en 10 minutos el gran intento de sacar el popote. 

La bióloga confiesó que jamás pensó que el video “se haría tan grande” y que daría la vuelta al mundo. “Fue un mensaje poderoso y valeroso, que fue como gasolina e hizo el fuego más grande. Ayudó a mostrar el gran daño que un solo popote puede generar en la vida salvaje”, apuntó.

"Tal vez viendo este video la gente tomará conciencia de su propio consumo de ‘plásticos de un solo uso", como se denominan a aquellos plásticos que se usan una sola vez antes de ser desechados, como bolsas, popotes, agitadores de café, botellas y la mayoría de los envases para alimentos.

Este tipo de plásticos, señala la joven, “es algo que realmente no nos afecta dejar de usar. Si la gente sale de esa comodidad y trata de integrar poco a poco nuevas prácticas a su vida diaria como usar su propia botella de agua, no usar bolsas plásticas en las compras, se puede hace una gran diferencia y así podríamos encontrar menos plástico en el mar”.

Luego de que su video se hiciera muy famoso, la joven creó una campaña en GoFundMe para recaudar fondos para su investigación. Parte de ese dinero lo ha destinado a un proyecto de educación en escuelas de Costa Rica y Estados Unidos, en el que los niños pueden “adoptar a una tortuga” y, gracias a rastreadores colocados en algunos ejemplares, pueden seguir por Internet sus rutas a través del océano.

 



El programa también les enseña a implementar prácticas de reciclaje en sus hogares, evitar los ‘plásticos de un solo uso’ y hablar con sus padres al respecto.

“Me encanta trabajar con niños en ese sentido, porque ellos no tienen esa rigidez en la mente como los adultos para adoptar nuevas prácticas”, señala Figgener.

De acuerdo con información del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, en 2015 se generaron 300 millones de toneladas de desechos plásticos. De estas, 141 millones fueron desechos de plásticos para empaque, de las cuales sólo el 2% fue reciclado de manera efectiva.

Para poner un ejemplo, se estima que cada año se consumen en el mundo entre uno y cinco trillones de bolsas de plástico en el mundo. Suficiente para que, atadas una a otra, den siete vueltas al mundo cada hora durante todo ese año.

 


Menos del 1% de todas esas bolsas de plástico es reciclado y cada una puede tardar hasta mil años en descomponerse.

En el océano, el plástico se descompone en pequeños pedazos y son ingeridos por los peces, que no pueden digerirlas. En consecuencia, acumulan el plástico en su sistema y más tarde entran en la cadena alimentaria, hasta nuestra mesa.

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