Terrorismo, cáncer, comedia, así ha sido la vida de Jorge Ortiz de Pinedo

Publicado el día 10 de Marzo del 2018, Por TVyNovelas

Una vida llena de comedia, pero también con la sombra del cáncer y tristezas luego de la muerte de su madre y hermana por terrorismo, es lo que ha sufrido Jorge Ortiz de Pinedo

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Durante los años ochenta un programa de comedia se convirtió en el favorito de las familias mexicanas, se trataba de Dr. Cándido Pérez, protagonizada por Jorge Ortiz de Pinedo, un actor que ya había aparecido en otros programas como Mamá, El Medio Pelo, entre otros.

Nacido el 26 de marzo de 1948, Jorge Ortiz de Pinedo Pallás es hijo de los actores Óscar Ortiz de Pinedo y Lupita Pallás, por lo que pasó su infancia entre intérpretes lo que lo llevó a incursionar en el teatro a los 10 años con la comedia Qué Familia.

Desde muy joven, a los 15 años para ser exactos, Jorge Ortiz de Pinedo se fue a vivir solo, ganándose la vida con su trabajo en obras y shows, siendo el primero en Televisión junto a María Douglas y Carlos Riquelme

Además de Doctor Cándido Pérez, participó en producciones como Mundo de Juguete, Gotita de Gente, Gavilán o Paloma, La Escuelita VIP, La Hora Pico, Dos Hogares y Renta Congelada.

LA HERMANA Y MADRE DE JORGE ORTIZ DE PINEDA FUERON VÍCTIMAS DEL TERRORISMO.

Aunque ha llevado una buena vida llena de éxitos, la sombra de la tragedia se ha hecho presente en muchas ocasiones, como cuando su madre Guadalupe Payas y su hermana Laila Ortiz de Pinedo fueron asesinadas cobardemente durante un viaje a El Cairo, convirtiéndose en las primeras víctimas mexicanas del terrorismo.

Hace algunos años, don Jorge nos contó en exclusiva lo que había pasado, revelando los terribles momentos que vivió cuando le informaron de lo que acontecía.

Pronto se cumplirán 20 años (32 años el próximo septiembre) de la tragedia de tu mamá y tu hermana, ¿cómo las recordarás? 

Efectivamente, a unas semanas del temblor, mi madre Guadalupe Payas y mi hermana Laila Ortiz de Pinedo fueron víctimas de la barbarie de unos cuantos. Haremos una misa porque somos católicos y únicamente nos reuniremos toda la familia para recordarlas. Yo nunca he hecho ruido con esas cosas, son muy dolorosas y no quiero que me falten al respeto confundiendo un evento íntimo, familiar y luctuoso, mezclándolo con otro tipo de acontecimientos, ya que, a pesar de los 20 años, las heridas aún sangran. 

¿Por qué el destino las metió en ese avión? 

Ellas viajaban de Atenas a El Cairo. Iban a visitar a unos amigos de mi hermana , personas que eran como una segunda familia para ella. El jefe de ese hogar era como su segundo papá. Desgraciadamente el avión que tomaron fue secuestrado. 

¿Por qué se convirtió en desgracia fatal? 

Porque el avión secuestrado, que se pretendía llevar a Libia, lo aterrizaron erróneamente en Malta. Ahí se armó la controversia, la bronca, “la toma” del avión y, por supuesto, el cobarde asesinato de 140 personas , entre ellas mi mamá y mi hermana. 

¿Recibiste apoyo de las autoridades? 

Poco. Ya no se podía hacer nada. Ellas se convirtieron en las dos primeras ciudadanas mexicanas en ser víctimas de un secuestro terrorista internacional en un avión. ¡Nunca le había sucedido a ningún mexicano! Jamás había pasado este tipo de acontecimientos tan macabros y escabrosos por un problema internacional tan grande, pero ajeno a nuestro país. 

¿Cómo viviste esas horas tan angustiantes? 

Metido en Televisa Chapultepec, investigando y checando todos los cables que llegaban de las agencias y corresponsales internacionales. De todo lo que sucedía me enteraba minuto a minuto, desde el secuestro del avión; así que imagínate la angustia, si había sobrevivientes o rescatados, los nombres de las víctimas... Fueron minutos que se convirtieron en horas de noche y madrugada muy intensas, diría yo que hasta terribles por la incertidumbre y con la leve esperanza de recibir alguna buena noticia; sin embargo, todo fue inútil.

DON JORGE ORTIZ DE PINEDO CONTÓ A TVYNOVELAS SUS RECUERDOS INFANTILES. 

Durante una emotiva entrevista con nuestra revista, hizo un repaso sobre los momentos más impactantes de su vida, así como lo que significó para él provenir de una familia de artistas.

Don Jorge, ¿qué recuerdos tiene de su familia? 

Desde mis tatarabuelos somos una familia de artistas. Soy hijo de los actores Óscar Ortiz de Pinedo y Guadalupe Pallas, y tuve dos hermanos; soy el mayor, luego Óscar, a quien le llevo un año, y mi hermana Laila, a quien le llevaba 12. Considero que lo que vives en tu casa se refleja en tu vida, y por eso fui actor. 

Sabemos que nació en altamar, cerca de Colombia... 

Sí, porque mis padres andaban de gira. Hay muchos artistas que han nacido en diferentes países y no por eso son extranjeros: Luis Jimeno, Enrique Guzmán, Gustavo Rojo y Angélica María. A mí me trajeron a la ciudad de México y siempre estuve cerca de mis padres; íbamos a los estudios de cine, foros de televisión, radio, teatro, etcétera, porque a veces no había quien me cuidara. Me contaban que dormía dentro de una caja en un camerino cuando mis papás estaban en escena. Y así me la pasaba en hoteles, barcos, camiones, burros y carretas. ¡Debió haber sido una infancia llena de aventuras! 

¿Iba a la escuela? 

Sí. Entré al Colegio Franco-Inglés y vivía en la calle de Honduras, en el centro de la ciudad de México. Hace 60 años la mayoría de los actores vivía ahí, porque era donde se ubicaban todos los teatros. Fui muy feliz viviendo en la Lagunilla, porque había de todo. Fue divertidísimo. 

INTENTARON SECUESTRAR A ORTIZ DE PINEDO CUANDO NIÑO.

Pero aunque todo fue una aventura, también recordó a nuestro reportero el momento en el que alguien intentó secuestrarlo de pequeño, cuando jugaba al lado de su hermano.

¿Cómo fue la relación con su hermano? 

Muy buena, éramos muy unidos. Jugábamos en las calles, porque en el centro no hay parques, y nos cuidábamos mutuamente. Claro, en ese entonces todo era más tranquilo que ahora, aunque había bandas delictivas, como los famosos robachicos. De hecho, a mí trataron de secuestrarme en la calle de Allende, cuando tenía cinco años de edad. Íbamos mi madre y yo, y a ella le metieron un patadón en una espinilla que le dejó una cicatriz toda su vida. Fue así como me soltó de la mano y trataron de subirme a un coche, pero ella empezó a gritar y, como mis padres eran conocidos y gente muy querida, salieron todos los vecinos y no dejaron que me robaran. Entonces la gente era más consciente y, si alguien pedía auxilio, ayudaban.

¿A qué edad se salió de su casa? 

A los 14 años, porque quería probar suerte; me dediqué a trabajar y estudiar. Me fui a vivir con un amigo a Coyoacán y luego, cuando éste se regresó a Baja California, porque era de allá, tuve que irme a vivir a un cuarto de azotea que me alquiló una amiga. Después de una gira compré muebles, pero no tenía dónde meterlos, hasta un año más tarde que renté un departamento. 

¿Era rebelde, o por qué se fue de su casa tan joven? 

Más o menos. Siempre fui independiente y no quería dar “lata”.

¿CÓMO FUE QUE JORGE ORTIZ DE PINEDO COMENZÓ A TRABAJAR EN LA ACTUACIÓN?

¿Cómo incursiona en la actuación? 

Iba a la escuela, pero como estudiante era un desastre. En la secundaria troné cinco materias y entonces mi papá me llevó a una gira, para que pudiera estarme checando las tareas. Y como tampoco quería que me saturara con el estudio, me dio papelitos en algunas obras. En el teatro experimental de Jalisco debuté con la puesta en escena ¡Qué familia!, y después llegaron otras como La locura de don Juan. Incluso hace poco me vi en una película que se llamó Dos angelitos negros, de la que ya no me acordaba. Aun así, llegué a la universidad; primero a Leyes, luego Administración de Empresas y después Historia del Arte, pero ninguna la pude completar. 

¿Por qué? 

Porque ya trabajaba demasiado en cine, teatro y televisión. La verdad, tengo mucha suerte, porque siempre he tenido demasiadas oportunidades, tantas que no he podido hacer todo lo que me han ofrecido. 

¿Por qué ya no siguió en el teatro junto a su padre? 

No fue planeado pero, cuando un hijo se queda al lado de su padre, corría el riesgo de hacerme muy parecido a él. Mi padre era un actorazo, pero quise ser diferente a él y a mi mamá. Claro, ser familiar de Óscar Ortiz de Pinedo, una gran estrella en su época, me abrió las puertas, porque me llamaban por ser hijo de él, pero luego se convirtió en una carga tremenda, debido a que la gente empezó a compararme con el genio de mi padre. Yo me puse Ortiz de Pinedo para que la gente se acordara de él, a través de mí. 

Funda su compañía de teatro muy joven… 

Sí, porque me puse a pensar en todos los actores que estaban en su casa; entonces tenía que crear un espacio en el que pudiéramos trabajar. Así fue que empecé a buscar cómo hacer las compañías; no podía quedarme sentado, porque la galanura tarde o temprano se acaba. Hacía de todo: productor, director, actor y hasta vendía los boletos. En la televisión llegaba más temprano que todos y me fijaba en lo que se hacía para montar la escena. Así fui aprendiendo varias cosas, porque ya tenía hijos y había que mantenerlos; siempre he luchado por ellos. 

¿Tiene alguna fórmula para el éxito? 

Soy tan precavido que, cuando inicio un proyecto, calculo el menor riesgo posible, contratando buen reparto, buenos directores... Es más difícil fracasar de esa manera porque, si lo haces con tus cuates, puede llevarte la fregada. Alguna vez he fracasado, pero no me lo lamento; mejor veo qué error cometí para no volver a caer en él. 

“ME HA IDO BIEN EN EL AMOR”: JORGE ORTIZ DE PINEDO. 

¿A qué edad se casó? 

Sólo me he casado dos veces en mi vida, y tengo cinco hijos con cuatro mujeres diferentes. El primero lo tuve cuando tenía 22 años de edad; se llama Jesús Óscar. Después llegaron Óscar Sebastian, Pedro Salvador, Mariana y Santiago. 

¿Por qué ponerles Óscar a dos de sus hijos? 

Se los pusieron sus mamás, y no me gusta hablar mucho de las mujeres con las que he estado por respeto; una de ellas ya hasta falleció. He tenido muchas uniones libres, divertidas y maravillosas, pero no es tan relevante hablar de eso. Soy un actor que ha hecho todos los géneros teatrales con gran éxito, y eso nadie lo documenta. Esta carrera es de una lucha diaria, porque las gente se acuerda de lo último que hiciste, así que todos los días hay que luchar para cimentar algo y que el trabajo sea reconocido por el público. 

¿Lo más difícil que le ha tocado pasar? 

Trabajar cuando estás velando a un ser querido, es lo más triste que puede pasarte. Toda la vida me despierto pensando en los familiares que se me han ido, y siempre los llevo en mi corazón. 

Sufrió la pérdida de su madre y hermana a manos del terrorismo... 

Muchas pérdidas. Todas han sido muy feas: la de mi padre, mis abuelos, mi madre y mi hermana... Pero cuando adquieres un compromiso, como hacer presentaciones en teatro, es casi imposible parar una función. Es una responsabilidad que adquieres cuando te haces actor, porque tienes que trabajar cuando los demás descansan. 

¿A qué debe el éxito que ha tenido con las mujeres? 

A mi manera de hablar, ¡rollo mata carita!; pero los comediantes matamos hasta el rollo (risas). La verdad, me ha ido muy bien en el amor, con mujeres encantadoras, amables y buenas. 

También era y sigue siendo guapo... 

No me acuerdo, pero mi meta nunca fue ser galán de telenovelas, aunque hice muchos personajes; me llamaba más la atención interpretar villanos. Participé en 29 telenovelas y en la número 30 dije: “Hago un villano y me retiro”, pero a partir de ahí me dediqué hacer pura comedia. 

¿Qué le faltaría por hacer? 

Todo. Yo sigo trabajando y lo seguiré haciendo. El año próximo voy a producir, por lo menos, cuatro obras de teatro con la colaboración de mi hijo Pedro.

SOBREVIVIÓ EL CÁNCER CON LA MITAD DE SUS PULMONES, UNA HERNIA HIATAL Y DIABETES: JORGE ORTIZ DE PINEDO ES TODO UN GUERRERO.

Como un hombre de fe el actor cree ciegamente en Dios y desde que le confirmaron que tenía cáncer decidió poner en él su salud, así como en los doctores, considerando que sus ganas de salir adelante le ayudaron a sobrevivir. En una entrevista que le hicimos el año pasado durante una campaña en pro del cáncer, mientras lo enfrentaba, nos reveló que es importante la prevención.

Está completamente comprometido con la causa... 

Sí, es que imagínense, sólo en la Ciudad de México cada día mueren dos hombres de cáncer de próstata, por eso estoy en la campaña “Unos segundos pueden hacer la diferencia”. Y es que ahora es muy fácil el examen, ya no deben tener miedo. 

Además, los hombres nunca son de ir al doctor, ¿no? 

En particular, los seres humanos siempre van al doctor cuando son niños, porque es su papá quien los lleva, hasta que un día crecen y ya no vuelven a ver a ningún doctor hasta los 40 años y les duele algo muy fuerte. Es complicado eso, porque muchos hombres están enfermos y no lo saben, por lo mismo, que no ponen atención en su salud. 

¿Cuándo le detectaron cáncer? 

Hace cinco años. Ahí me quitaron un pedazo de pulmón donde había un tumor, y es por eso que estoy platicando con ustedes, y justo por estar checándome cada seis meses para evitar cualquier problema, me descubrieron una neumonía. Pero luego se te complicó... Sí, pero pude superarla. Luego me dio una segunda y fue más complicado, y pues ya para la tercera los médicos decidieron operar un lóbulo que estaba infectado y que ocasionaba que no respirara bien y que me dieran neumonías.

La operación, ¿en qué consistió? 

En que me sacaran otro pedazo de pulmón. Pero insisto, es por eso que puedo hablar con ustedes, porque soy un hombre previsor. Además, yo no aguantaría recaer enfermo y quedar como vegetal no sé cuánto tiempo, además del gasto que es. Por eso más vale prevenir que lamentar, siendo ejemplo vivo. 

El cáncer que tiene, ¿está completamente dominado? 

Sí, ya no me ha dado problema. Me dicen los médicos que es muy importante que los pacientes tengan buena voluntad para curarse, y la verdad es que siempre hay que ver cómo se le ayuda a los médicos, ahora sí que no sólo dejarle el paquete a ellos, hay que hacer los ejercicios que mandan y llevarlo todo al pie de la letra, porque yo sólo no soy sobreviviente de cáncer, también tengo diabetes. 

¿Y eso cómo va? 

La tengo controlada, y eso evita que me enferme más. Claro, también tengo una hernia hiatal, pero igual no ceno pesado y jamás he tenido un problema, así que con eso tengo de malestares. 

La última vez por poco no la cuenta, ¿no? 

Sí, la última intervención que tuve fue complicada porque había doctores que tenía distintas opiniones; unos decían que me operaran y otros, literal, que me dejaran así y ver otras alternativas. Imagínense, se tardaron un mes en resolver eso. 

¿Entonces fue real que se aventó el volado? 

Sí. Además, la última neumonía me pasó por esos días y los doctores tenían miedo de que fuera una obstrucción, y ahí sí resultara fatal. 

¿Y cómo quedó? 

De cinco lóbulos que tiene el ser humano en sus pulmones, a mí me quitaron el superior del izquierdo aquella vez que me salvaron de cáncer, y ahora me quitaron el lóbulo medio del derecho, así que me quedé con tres. 

Suponemos que se le dificulta respirar... 

Por ahora sí, pero me estoy ayudando con un concentrador de oxígeno y eso hace que mi pulmón sane más rápido y aprenda que tiene que hacer más funciones. 

Además, los pulmones son importantísimos... 

Sí, por eso me siento con tanta suerte, porque por los pulmones pasa todo el oxígeno del cuerpo humano, además de la sangre, y ahora sí que son importantísimos y por eso le echo tantas ganas. 

¿En estos casos se aferra a la familia? 

Claro, y al trabajo, a mis responsabilidades; por eso me voy curando, porque de alguna manera necesito estar sano para hacer mis cosas. 

¿El oxígeno que trae será para siempre? 

No, sólo serán dos o tres meses, y los cuidados son similares a los del enfisema pulmonar. Por la noche sí voy a utilizar una pequeña ayuda, pero no me afecta para nada. Mis hijos no están esperando a que se muera su papá para lograr algo de dinero 

¿Sus hijos temen que un día pase lo inevitable? 

Mis hijos son extraordinarios, me hacen reír todo el tiempo, son muy buenos y la vida la tomamos así, con buen humor. Honestamente tampoco hemos hablado de la muerte o de la posibilidad de que me vaya a morir; cuando esas cosas pasan, pues así, pasan, eso no se puede evitar, así que para qué se platica. Yo sé que el día menos pensado uno se va, aunque se cuide, pero no pasa nada. Yo estoy tranquilo y entenderé mi momento. 

TEXTO: BERENICE VILLATORO VÁZQUEZ / ARCHIVO TVYNOVELAS.

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